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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Del enamoramiento al amor... o no

¿Cuánto dura el enamoramiento? ¿Cuándo empieza el amor? ¿O cuándo muere antes de nacer? ¿Cuál es el instante exacto en que cae el velo de la ilusión, en qué aparece la realidad… para bien o para mal? ¿Cuándo se sabe si “es”… si es que alguna vez se sabe? ¿Cuándo lo que alguna vez te gustó comienza a molestar? ¿Cuándo la gracia se convierte en fastidio? ¿Cuándo se instala la duda y carcome las certezas? ¿Cuándo el amorío se convierte en relación? ¿Cuándo no es más ida, sino que también hay vuelta? ¿Cuándo se termina con absoluta seguridad? ¿Cuándo se empieza sin más “peros”? ¿Alguna vez se completa el check list de lo que queremos y no? ¿Cuándo todas las preguntas tienen su respuesta? ¿En que momento justo echan a volar las mariposas que estaban en la panza? ¿Cuándo desaparece la sensación de que ni un abrazo alcanza para fundirse, qué siempre hace falta apretar un poco más? ¿Cómo se detectan los pequeños detalles que hacen que te quedes para siempre? ¿Cuándo dejamos de tener sexo para hacer el amor? ¿Cuándo el “me da igual” significa: todo lo que hago con vos me gusta, no hace falta elegir, y cuándo: no me importa? ¿Cómo se hace para que todo lo que te encanta, te siga “encantando” cada día? ¿Cómo se hace para que estar no sea sobrevivir? ¿Cómo se pasa de los 3 meses, a 6, a un año, a dos, a diez, a siempre?
¿Se puede asegurar el camino directo del enamoramiento al amor, sin escalas, ni piquetes, ni fracasos?

No se. No se ninguna de estas respuestas. ¿ustedes sí?

martes, 12 de agosto de 2008

Conversaciones metafísicas

Vos querrás saber. ¿Saber qué cosa? Suelo querer saber sobre todo, sin importar el tema, y no sobre la vida de los demás, o por lo menos los demás que no son conocidos, sino saber del conocimiento histórico y popular, pero supongo que no hablás de algo tan amplio. No, digo saber qué pasa. ¿Qué pasa con qué? Con esto que no hay o no es, ¿decís? Es que hay, es que es. Simplemente que no quiero que sea, porque quiero estar sólo y siento que si lo dejo salir, estar juntos es el único camino posible. No podés conocer el camino si no hay primero señales, mapa, reconocimiento, recorrido, y una historia del viaje. Las señales están, el reconocimiento llega, el recorrido se hace y armamos la historia. Pero igual te vas, en el primer cartel tomás un desvío. Porque se que sos. Simplemente sos. El sueño de lo posible. Lo que imaginaba, buscaba, anhelaba. Y no necesito verte, y estar, sino simplemente saber que estás. Porque las uniones no sólo vienen de los cuerpos, sino que vienen de un llamado lejano, de una historia que arrastra el cosmos, y se plasma en un momento único, justo, determinado. Cuando estás listo. Cuando podés ver, no con los ojos sino con el alma. Y hoy llegaste hasta aquí. Y simplemente estás. Existís. Respirás. Sólo saberte me alcanza para confirmar que sencillamente ha llegado ese minuto en que todo lo esperado se hace tangible. El miedo te espanta. Y también me enfrenta. Te aleja. Y me acerca. Sólo hace falta un paso para llegar. Sólo decime que para vos es igual. Para mi es igual. Que el minuto llegó. El minuto llegó. ¿Estás?...

viernes, 11 de julio de 2008

Esquizofrenia

A veces uno se pierde en la oscuridad, o se duerme en la bruma. Desaparece. Se desvanece. A veces la tristeza es tan densa que consume hasta las palabras. Las ausencias son tan presentes que ocupan, asfixian, aprisionan. Te dejan aislado en un cuarto sin luces ni ventanas. Entonces sólo queda dormir, o llorar. Seguramente callar.
Buscar adentro, adentro. Donde ya no hay nada. Ahondar, seguir, explorar. Silencio. Ecos. Recuerdos. Un día estuvo aquí. El sueño se hizo presente. Lo sentí. Lo toqué. Lo viví. Y se fue. Cruzó el mar. No importa donde, simplemente lejos. Donde no llegan las palabras, ni los gritos, ni el llanto. Y abrazás el aire. O la esperanza. Hasta que vuelva. Hasta que regrese. Y no regresa. O sí. Pero no a mí. A otra. A la de siempre, o la de casi siempre. A la que no era, pero resulta que es. Y te lo cruzás. Se miran. Nada. Un guiño. Un abrazo imperfecto. Los cuerpos no se amoldan. Ya no se conocen. Tiene otra dueña. Los besos son de otra. Las risas, los proyectos, los perdones. Sólo queda irse. Huir. Esconderse. Olvidar. Dormir, dormir, dormir. Encontrar otro sueño más allá de la vigilia. Ya no es él. Es la soledad toda. El miedo. La incertidumbre. La desilusión. Todo lo que pasa no es simplemente por alguien, sino por todo. Pasa el tiempo. Días, meses. Sí, me fui. Salaron las heridas, y volví. Casi renovada, con rumores lejanos. Frases que aún retumban de vez en cuando. El contorno de un cuerpo que se hizo sombra, o espectro aún a veces vaga por mi casa. Cuesta tanto suplantar. Avanzar. Cambiar. Todo se adhiere. Se aferra. Pero ya no más. Aquí estoy. Las palabras se acercan tímidas. Espían. Se preparan. Están alertas. Para volver a empezar.