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domingo, 21 de junio de 2009

Felíz día papá

Es el día del padre y por eso hoy, por primera vez, voy a hablar de mi papá. Yo nunca hablé de esto aquí porque era mi espacio para expresar historias de amor, de recuerdos, de tristezas, historias de vida. Y sí, esta también es mi historia de vida. Triste. Infinita e indescriptiblemente triste. Pero es. Así que este es mi pequeño homenaje a ese gran tipo que era mi viejo, mi papá, mi pa, mi papucho, Juan o el Gordo para los amigos.

Hace casi 8 años que mi papá no está. Se fue así, de un día para el otro, por culpa de un corazón que no nos avisó con tiempo. Hay cosas que no voy a poder describirles, que no pueden explicarse, y que no pueden entenderse si no les pasó. Simplemente de un momento a otro ya no estaba más. Ya no pude nunca más escuchar su voz, su risa, sus palabras, sus gritos. Nunca más tener sus abrazos, sus besos. Nunca más sus arranques de locura cuando le saltaba la térmica como le decíamos (y sí, era pisciano también). El término nunca más es algo que aunque pase el tiempo, los años, los días, no se asimila. Nunca se puede entender el nunca más. Uno siempre, siempre está esperando verlo entrar por la puerta de la cocina, verlo sentado mirando la tele con las piernas cruzadas y el control en la mano, mirando de a 3 películas a la vez. Sentir el olor a cigarrillo que tanto odiaba. Verlo cortando un salame y queso cuando llegaba de trabajar, tomando un mate al lado de la mesada. Trabajando en las cosas de la casa con sus bermudas de jean cortadas manchadas de pintura, la remera de Visa, y los pelos despeinados. Eso era un poquito de mi viejo.

Un tipo de pueblo, que creció en un lugar humilde y trabajador. Un laburante como decimos por ahí, que luchó toda la vida por lograr tener lo que tuvo, y por eso sabía disfrutarlo. Le gustaba la joda, la pilcha, el pucho, el champagne para todas las fiestas, un whisky para mirar la tele, el asado, la playa, el truco con amigos. Le gustaba compartir con sus amigos. Pero lo que más le gustaba era estar con su familia. Caminar con mi mamá, salir todos a pasear en auto a “ver casas” que nunca compramos, estar reunidos en la cocina, trabajar juntos en las cosas que había que hacer, irnos todos de vacaciones. Ser la familia hermosa que éramos.

Mi viejo me dejó los principios y los valores que me hacen ser la persona que soy. La enseñanza de ser generoso sin medir, de perdonar, de olvidar. De amar a mis hermanos por sobre todas las cosas. De disfrutar las cosas hoy, porque después de todo, no sabemos si hay mañana.

Todavía tengo casi cada día en mis oídos las palabras que me dijo mi viejo en el hospital: “los amo hijos”. Y poco después se fue. Para siempre.

El tiempo pasa, y el dolor no se atenúa. Jamás. Porque la ausencia se nota en cada momento que no podemos compartir con él: el casamiento de mi hermano, cada sonrisa de mi sobrina, los nuevos logros de cada uno, mi mudanza, las nuevas anécdotas, cada Navidad en familia, cada cumpleaños, las tristezas sin consuelo. Y todos los otros momentos en los que no va a estar: mi casamiento, mi primer hijo.

Uno sigue viviendo. Pero con un agujero en el alma. Con un vacío eterno. Con la tristeza sin fin. La falta es algo absolutamente insoportable. Porque la felicidad nunca más es completa. Siempre falta algo. Siempre falta alguien.

Así que esto es para vos papá, donde quiera que estés. Te extraño con el alma, cada día. Te amo con el alma, cada día. Te necesito con el alma, cada día. Gracias. Por todo. Por todo. Por todo.

Te llevo conmigo. Por siempre. Cada día.

Pero como vos pedías, hoy para recordarte, voy a poner cuarteto y hacerlo con alegría.

Feliz día.

Tu hija.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Balance

Cada fin de año hago un balance (sí, como los contadores, aunque lejos estoy de ser como ellos), en donde contabilizo pérdidas y ganancias, y arrojo un estado de situación para saber desde donde partir hacia el próximo año.

Este año en mis columnas figura:

Activo
Una sobrina colorada que crece día a día y me llama al grito de “aedá”.
Mis dos hermanos, que son activos todos los años de mi vida.
El llanto de sorpresa de mi madre en su cumpleaños, y la fidelidad de sus amigos
Los cada vez menos budines de pan y tortas de manteca de mi abuela.
El regreso de mi mejor amiga de Madrid
Las tardes en el río
La primer novela de un gran amigo
Algunas noches o tardes de muy buen sexo
Algunas soledades
Las charlas de toda la noche
Las risas sin sentido
Las horas libres para disfrutar de los libros, el cine, el sol, la cama
Las horas de escritura
Mis pocos lectores desconocidos
Las ideas, la fantasía, los sueños
Los estoicos amigos que estuvieron “aguantando” mis tristezas, desazones y desesperanzas.
La sorpresa de la ayuda de un desconocido
La bondad que todavía queda
La ayuda desinteresada
Amaneceres y noches desde mi balcón
La piel tostada del verano nuevo
La superación de un gran amor
…la ilusión de uno distinto
Los recitales que me dieron horas de alegría, recuerdos, sonrisas
Los breves reencuentros

Pasivo
El futuro incierto
El encierro
La frustración
La falta de trabajo
Los amigos que no estuvieron
… O ex amigos
Las 60 entrevistas que casi fueron una posibilidad
Los breves amantes que no fueron ni horas de amor
La soledad apretada
Las miles de lágrimas
Las noches de mal sexo
La esperanza rendida
La amiga del alma que hoy está lejos porque no supimos estar
Las arrugas nuevas, las canas viejas
Las horas demasiado libres
Los dolores escondidos
Los amigos que no eran
El amor que no llegó
Las carencias del alma
Los olvidos perdurables
El dinero que aprieta
Los eternos desencuentros
Las mismas equivocaciones
Las heridas

Como diría Benedetti: “Este balance infortunadamente arroja pérdidas, a enjugar en futuros ejercicios”.

Lo positivo es que para mi todos los años se abre un nuevo libro en blanco.
En el mío vislumbro un activo promisorio: un amor inimaginable, un trabajo de ensueño, buenos amigos, la familia maravillosa, un viaje a Roma, muchas más letras escritas, y por supuesto, muchos más sueños.

A todos, espero que sus balances den saldo acreedor, y que si no lo son, se tomen esta oportunidad para arrancar de cero, tomar lo aprendido, y decretar un próximo año mucho mejor.

Como el mío.