lunes, 17 de noviembre de 2008

Filtros

Es increíble como uno pierde la objetividad y la capacidad de análisis cuando le gusta alguien. Como nos empeñamos en ver y creer lo que queremos en lugar de ver y creer lo que está clara, o no tan claramente, frente a nuestros ojos.


No sólo pasa con nosotros, sino que actuamos exactamente igual cuando una amiga nos cuenta alguna historia. Nos aferramos a una frase linda o que suena positiva, o parece que nos está diciendo: me gustás, y dejamos pasar de largo todas las otras señales que nos gritan o destellan como carteles de neón diciendo: no me interesás. Dejenmé ser clara y darles un ejemplo.

La persona que te gusta te dice cuando lo vas a saludar: que rico perfume. Y lo primero que pensamos es: ah,me está tratando de decir algo, que me presta atención, está siendo galante. Y después ni te llama, ni te habla ni busca excusas para estar con vos, y pensamos: es tímido, no se anima, está ocupadísimo.

Claro, si uno busca, encuentra. Quiero decir: que si queremos desesperadamente creer que está interesado, siempre vamos a buscar la oportunidad de obligarlo a decir algo que nos parezca que demuestra su interés, o vamos a detenernos en una frase tonta que dijo al pasar, en una mirada que duró un segundo más de lo que dura cualquier mirada. Lo vamos a consultar con todas nuestras amigas que saben del caso, y por supuesto, vamos a resaltar estas partes, y vamos a omitir que es super simpático pero jamás nos pidió el número de teléfono, que no nos escribe por el msn si no le escribimos ( y que aparte tiene nuestro msn porque nosotras se lo dimos, y no porque lo pidió), que casi todas las conversaciones en las que te dijo algunas frases ambiguas fueron generadas por una, que nos estamos inventando una historia que solo existe para nosotras, y cuando el tiempo pase, y nos demos cuenta que en realidad nada pasa, lo vamos a tildar de histérico o de gay.

Es muy difícil cuando alguien te gusta poder desde el comienzo ver la realidad sin ponerle un filtro de colores para embellecerla. Es una mezcla de esperanza e ilusión, de encontrar a alguien que finalmente comparta lo que sentimos, las ganas de ser correspondidas.
Hay que aceptar lo que es. No pensar tanto, no analizar cada palabra, disfrutar del momento y simplemente dejar que todo fluya. Y ver que pasa. Si pueden…

lunes, 29 de septiembre de 2008

Lucía en el espejo...

Hace algunos meses, cuando estaba sin trabajo, y tenía mucho tiempo al pedo, leía muchos blogs, que fui abandonando cuando conseguí trabajo, me dediqué a trabajar 12 horas por día y dejar la mente en blanco cuando llegaba a mi casa.

Uno de esos blogs era Ciega a citas, la historia de Lucía, que tenía como objetivo conseguir un novio antes del casamiento de su hermana, no sólo para no ir sola, y sentir la mirada acusadora de todos los invitados, como he comentado yo también en otros posts, sino para ganarle una apuesta a su madre, a la que escuchó decir en una conversación con la hermana que se casaba: “si tu hermana va con un novio a tu casamiento, uno de verdad, no un amigo gay, o un ex novio, te pago la fiesta”. Sin comentarios alusivos sobre la crueldad, desprecio y poca comprensión de la vieja bruja, y enfocándonos en Lucía, es terrible la presión y la desesperación a la que conlleva una misión tan exigente, e improbablemente victoriosa en los tiempos que corren. Así pasó Lucía por varias idas y venidas, salidas infructuosas, patéticas o divertidas, tristes o simpáticas. Por estados de depresión y llanto. Por horas de ansiedad. Por interminables vericuetos y situaciones indeseadas. Hoy después de muchos meses sin leerla, me dio intriga saber si habría ganado la apuesta, si habría conseguido un novio para la fiesta, pero más que nada, saber si estaba feliz. Y porque no, les confieso, saber si había esperanzas. Porque en todas esas líneas me sentí mil veces identificada: por la edad, por la situación, por los sentimientos, por las opiniones familiares, por las miradas ajenas, por las incomodidades festivas, por los prejuicios, por las propias dudas, por las angustiantes soledades, por las costumbres de la soltería, por los miedos… o por EL MIEDO, el más grande, el de quedarse sola. El de no encontrar en este mundo de lunáticos, alguien normal que te acompañe. Y allí fui, en busca de la respuesta.
Tristemente me encontré con lo que más temía. Lucía fue sola al casamiento. Después de meses de un arduo trabajo, de intentar, de no darse por vencida, de probar, de seguir, de tratar, de quebrarse, de levantarse, de reintentar, de recomenzar. Empecé a leer hacia atrás, buscando saber que había pasado. Y resultó que hasta último momento, hasta el día anterior, Lucía estaba con alguien. Casi. Casi lo logra. Pero no. Porque la noche anterior, en medio de lágrimas, decidió dejar a José. Entonces me sorprendí. Más que me sorprendí, me quedé helada, petrificada frente al monitor. Porque coincidencias había muchas, pero en un simple párrafo, que me voy a permitir transcribir, encontré las palabras escritas como si fueran mías. Si hasta lo dudé si no eran mías, porque tantas veces las dije en ese mismo orden.

“JOSE

¿Por qué lo tenés que hacer tan complicado todo, lentejita?

LG

Porque para mí sí es una comedia romántica. Yo quiero alguienque se muera por mí. Alguien que no soporte estar con otra persona. Alguien que me mejore y que sea mejor porque está conmigo. Eso quiero. O eso quise siempre.
Y no quiero conformarme más. Si no es así, prefiero quedarme sin nada”

Esa es la respuesta sincera a por qué Lucía fue sola a la fiesta.
Esa es la respuesta a por qué está sola.
Esa es la respuesta a por qué estoy sola.

Y yo tampoco quiero conformarme. Pero tampoco quiero quedarme sin nada.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Del enamoramiento al amor... o no

¿Cuánto dura el enamoramiento? ¿Cuándo empieza el amor? ¿O cuándo muere antes de nacer? ¿Cuál es el instante exacto en que cae el velo de la ilusión, en qué aparece la realidad… para bien o para mal? ¿Cuándo se sabe si “es”… si es que alguna vez se sabe? ¿Cuándo lo que alguna vez te gustó comienza a molestar? ¿Cuándo la gracia se convierte en fastidio? ¿Cuándo se instala la duda y carcome las certezas? ¿Cuándo el amorío se convierte en relación? ¿Cuándo no es más ida, sino que también hay vuelta? ¿Cuándo se termina con absoluta seguridad? ¿Cuándo se empieza sin más “peros”? ¿Alguna vez se completa el check list de lo que queremos y no? ¿Cuándo todas las preguntas tienen su respuesta? ¿En que momento justo echan a volar las mariposas que estaban en la panza? ¿Cuándo desaparece la sensación de que ni un abrazo alcanza para fundirse, qué siempre hace falta apretar un poco más? ¿Cómo se detectan los pequeños detalles que hacen que te quedes para siempre? ¿Cuándo dejamos de tener sexo para hacer el amor? ¿Cuándo el “me da igual” significa: todo lo que hago con vos me gusta, no hace falta elegir, y cuándo: no me importa? ¿Cómo se hace para que todo lo que te encanta, te siga “encantando” cada día? ¿Cómo se hace para que estar no sea sobrevivir? ¿Cómo se pasa de los 3 meses, a 6, a un año, a dos, a diez, a siempre?
¿Se puede asegurar el camino directo del enamoramiento al amor, sin escalas, ni piquetes, ni fracasos?

No se. No se ninguna de estas respuestas. ¿ustedes sí?

lunes, 1 de septiembre de 2008

Carta para no leer

Este post no es mío. Es de uno de mis mejores amigos. De esos que te da la vida para siempre.
Ni siquiera es un post. Es justamente una "carta para no leer". Esas que se escriben en silencio, que se sufren en penumbras, que se acallan con esfuerzo. Es todo lo que uno quiere decir ... y no quiere. Porque cuando llega la muerte del amor, las palabras que se dicen suelen ser crueles, simples, seguramente despiadadas. Pero las que callan son las más dulces, las más dolorosas, las más poéticas. Y es que claro, esas, las más bellas, están destinadas en realidad para decirse cuando el amor fluye, cuando uno hace lo imposible para que perdure, cuando uno quiere alimentarlo de ilusiones, sueños, esperanzas y recuerdos inventados.
Así que por esta vez dejemoslás fluir. Seamos testigos de los sentimientos más internos de los hombres. Veamos esta vez que ellos también aman, sufren, lloran, pierden.



Carta para no leer
Despojado de un amor tan perturbado que cego mi realidad inpunemente, puedo ahora ver la inmensidad de tu mentira, de tu juego pernicioso. El indisimulable dolor manifiesto que sentiste con su pérdida, tu desesperación hiriente para salvar lo insalvable, porque podrás recuperar su cuerpo, pero nunca entero, nunca pleno. Y hablo de El, no hablo del amor perdido... El último aliento de tu relación conmigo, malgastado inoportunamente sin sentido en un pedido de ayuda para recuperar lo irrecuperable.
La sensación inequívoca de vivir equivocado, el dolor que se escurre hasta los huesos de saberme perdido tanto tiempo en un amor tóxico. La idiotez con que creía tu veneno no letal, aunque doloroso , y la sensación de libertad que revivió expontáneamente en el vacío de la razón, liviana como el aire, estaba la verdad ante mis ojos. Cuanto me mentí traicioneramente mirándome a los ojos, cuanto me expuse sin saberlo, o a sabiendas... es igual.

Puedo ver ahora la inmensidad de tu mentira. Ya no siento más dolor, y la pena se reduce lentamente pero firme, incorruptible.... Cuánto te tuve entre mis brazos y que poco te he conocido. A donde fue la complejidad lineal de mi criterio, si tan sólo tomarte de la mano pudo más que mil verdades. He conocido el amor, y lo he sufrido, mas no cambio uno solo de mis días si estos sirvieron para aprender a respetarme, a conocerme vivo.¿Qué hubiera sido de mi sin el dolor que me causaste, cuántos años más tendría que haber pasado para crecer como he crecido?

Esta carta la escribi mil veces en mis sueños, y esta sola vez con el teclado, sentí miedo al darme cuenta que más tiempo pasa y más olvido, me duele menos, y se esconde en mi alma la fuerza de un amor que siendo tan fuerte, no fue correspondido.

No se cuando la voy a enviar, quizas nunca o tal vez te llegue, animado por un coraje tímido. Probablemente no hayas tenido la oportunidad de leer hasta este párrafo, pero si así fuera...... quiero decirte que ya no soy el mismo, que ya no espero nada, ni un mensaje, ni un llamado, ni noticias.... no espero nada porque prefiero inventarme tu recuerdo, en nuestra casa del country , en el jardin, con un gran perro y muchos hijos riéndo con tu risa.

"Ya no la quiero, es cierto, pero talvez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa, Y estos sean los últimos versos que yo le escribo."

by CJR

martes, 12 de agosto de 2008

Conversaciones metafísicas

Vos querrás saber. ¿Saber qué cosa? Suelo querer saber sobre todo, sin importar el tema, y no sobre la vida de los demás, o por lo menos los demás que no son conocidos, sino saber del conocimiento histórico y popular, pero supongo que no hablás de algo tan amplio. No, digo saber qué pasa. ¿Qué pasa con qué? Con esto que no hay o no es, ¿decís? Es que hay, es que es. Simplemente que no quiero que sea, porque quiero estar sólo y siento que si lo dejo salir, estar juntos es el único camino posible. No podés conocer el camino si no hay primero señales, mapa, reconocimiento, recorrido, y una historia del viaje. Las señales están, el reconocimiento llega, el recorrido se hace y armamos la historia. Pero igual te vas, en el primer cartel tomás un desvío. Porque se que sos. Simplemente sos. El sueño de lo posible. Lo que imaginaba, buscaba, anhelaba. Y no necesito verte, y estar, sino simplemente saber que estás. Porque las uniones no sólo vienen de los cuerpos, sino que vienen de un llamado lejano, de una historia que arrastra el cosmos, y se plasma en un momento único, justo, determinado. Cuando estás listo. Cuando podés ver, no con los ojos sino con el alma. Y hoy llegaste hasta aquí. Y simplemente estás. Existís. Respirás. Sólo saberte me alcanza para confirmar que sencillamente ha llegado ese minuto en que todo lo esperado se hace tangible. El miedo te espanta. Y también me enfrenta. Te aleja. Y me acerca. Sólo hace falta un paso para llegar. Sólo decime que para vos es igual. Para mi es igual. Que el minuto llegó. El minuto llegó. ¿Estás?...

lunes, 11 de agosto de 2008

Los cons de vivir sola (2a parte)

Las desventajas de vivir sola pueden surgir hoy. Un día domingo, después del almuerzo en familia, cuando se juntan el vacío del tiempo que queda, y la tristeza del que falta para que sea lunes otra vez. En esta guarida que a veces hace de refugio y otras de prisión, en este espacio tan propio, tan a veces, demasiado propio, falta algo, falta alguien. Faltan perfumes, objetos, actos, sueños, proyectos. Este territorio unipersonal que muchas veces clama su victoria, también, otras tantas, grita su derrota. Y en el manifiesto de rendición se hace presente una lista de ausencias que dos por tres se hacen presentes, de necesidades incumplidas que reclaman soluciones. Entonces todas aquellas ventajas, tienen en contrapartida, como todo en la vida, sus desventajas. Desde las más supérfluas, hasta las más profundas.
  • No tenés a nadie que te ayude a mover los muebles pesados para poder limpiar y ordenar.
  • Que te cuelgue los cuadritos que comprás en todos lados para adornar las paredes, y por miedo a que se rajen con los clavos que no sabés clavar, quedan siempre vacías, y los cuadritos amontonados aquí y allá.
  • El único que te dice sin mucha objetividad, porque sigue siendo tu mirada la que determina, si estás linda para salir es el espejo.
  • Cuando llegás del trabajo cansada, agotada, rendida, deseando sólo alcanzar el sofá, tirar la cartera, y sacarte los zapatos, nadie te espera para hacerte un masaje, preguntarte cómo fue tu día, y cocinarte algo rico.
  • A falta de compañía vivís con la tele y la laptop prendida, a la vez, y con el msn, el facebook, y el mail abiertos. Just in case.
  • Tenés que encargarte de todo, más allá de tus ganas, tu estado de humor, tu falta de tiempo: poner a andar el lavarropas, colgar la ropa, ordenar, juntar las cosas, guardar la ropa, ir al super, bajar sola las bolsas del auto, cocinar, lavar, llegar a tiempo para que no cierren los negocios en donde tenés que comprar lo que te falta, llevar a arreglar todo lo que se rompe, ir a buscarlo, quejarte con Fibertel, pagar las expensas, el alquiler, los servicios, cambiar los cueritos, cambiar lamparitas. Y seguir enumerando…
  • A la casa le falta olor a hombre
  • Cuando estás enferma no hay nadie que te haga un té caliente, te compre los remedios, te abrace mientras llorás por la fiebre, y te acaricie la frente.
  • No tenés a quien bañar ni quien te lave la cabeza
  • La cama a veces se siente inmensa, fría, vacía. Falta el abrazo previo al sueño, el pecho contra la espalda, los brazos envolviendo, el beso de hasta mañana.
  • Comés en la mesita del living frente a la tele, aunque tengas mesa del comedor y en la cocina, en silencio mirando televisión (ojo, cuando hay alguien muchas veces también hay silencio y televisión)
  • Cuando terminás de ver una peli no tenés con quien comentarla.
  • Terminás yendo sola a los cumpleaños en los que están todos en pareja, y uno siempre está descolgado. A las fiestas familiares, a las Navidades, a los recitales, al cine. Ya hablé en otra nota de los casamientos porque merece un capítulo aparte.
  • Cuando ves ropa linda de hombre en las vidrieras no tenés a quien regalársela.
  • Te perdés de conocer nueva música, ver otros programas, tener otra mirada de la vida. Un guía que te muestre el camino que ya recorrió y no tengas que ir descubriendo sola a tientas.
  • Las decisiones las tomás siempre sola. Las simples, las complejas. Las que necesitan de otra opinión. Las que merecen una discusión. Las que piden apoyo. Las que reclaman seguridad.
  • Falta quien te abrace, te escuche, te entienda, te contenga, te consuele en tus más inexplicables desesperaciones, en los llantos sin sentido, en las broncas acumuladas, en los desahogos contenidos.
  • Y claro que sí, te falta tener a alguien con quien hacer el amor. Porque sexo por sí mismo seguramente se consigue. Una noche, varias noches. Pero alguien que te mire a los ojos, que te conozca, que te sienta, que te entienda. Porque el sexo en sí mismo está muy bien, el sexo con amor está mejor.
Parece que buceando en las profundidades, las ventajas son más de logística y las desventajas emocionales. Las ventajas son prácticas, las desventajas sentimentales.
Mantener muchas de las primeras es una cuestión de negociación, espacio y entendimiento mutuo. Conseguir subsanar las segundas es encontrar a alguien que te complete, y aún así, no te haga sentir la falta de las primeras.

sábado, 26 de julio de 2008

Los pros de vivir sola

Vivir sola tiene muchísimas ventajas, más allá de si es vivir sin una pareja, o sin una madre, o sin hijos. Hay ventajas para todos los gustos:
  • Vivís en tu propio desorden sin que nadie te diga: juntá lo que dejaste tirado. Y a su vez, no tenés que perseguir a nadie para decirle: juntá lo que dejaste tirado.
  • Todo, pero TODO el placard: es tuyo. No hay que tirar la remera de las ballenas porque no hay lugar, ni compartir, ni correr, ni sacrificar tu propio espacio. Podés ordenar las remeras y los sweters por color, por tamaño, o por ocasión de salida. O si no tenés ganas, no ordenarlo. Total, entra todo.
  • A la hora de la comida, cocinás una milanesa, un bife, o una ensalada, o un yogurt. No tenés que consultar con nadie qué tiene ganas de comer, sólo con tu estómago, y nadie te va a decir después:”no te salió tan rico esta vez”. O: “mmm.. no tenía ganas de comer carne, comí al mediodía”.
  • Cuando terminaste, y llegó la hora de lavar, es muy simple. O va a dormir a la pileta, o lavás solo un plato, un vaso y un juego de cubiertos. Sencillo y rápido.
  • El botiquín del baño puede tener todas las pelotudeces que se te ocurran: algodón, algodoncitos para sacarse el maquillaje, quitaesmalte, esmalte, crema para contorno de ojos, para la noche, para el día, para la tarde, bases de distintas tonalidades, mil sombras, rimel, cepillos, crema para el pelo, hebillas, tus propias maquinitas de afeitar, más cremas que nadie sabe para que sirven pero están, desodorantes, toallitas, tampones, Carefree, secador, planchita, buclera, aceites, lociones, sales de baño, burbujas para el baño… creo que hasta yo me perdí.
  • No hay que compartir el dominio del control remoto. No hay fútbol: ni el campeonato local, ni Chacarita contra Mandiyú, ni el Barza contra el Real, ni la Eurocopa, ni nada de nada de nada. Sólo le hace caso a tu dedo y decide ver: series, novelas, publicidades, o ir de una punta a la otra sin ver nada, varias veces, ida y vuelta, hasta que te convecés que no hay nada, y te vas a dormir.
  • Podés llegar de la oficina y tirarte en el sillón apenas dejás la cartera. Y no hacer nada de nada, ni tener que hablar con nadie, ni responder, ni preguntar.
  • Las cosas van donde más te gustan y no tenés que consensuar con nadie el color de las sábanas, ni de las cortinas, ni los muebles que van, y sobretodo, aquellos que no van.
  • Escuchás la música que querés, todo el tiempo que querés, y la repetís cuantas veces querés, hasta tu propio hartazgo (o el de los vecinos, que igual no tienen ni voz ni voto)
  • Entrás y salís cuando te viene en gana. A horas insólitas o no tanto. Y también entra y sale quien te viene en gana, a las horas insólitas. O no tanto.
  • Podés respetar tus silencios. Y si tenés ganas de hablar, sólo hace falta levantar el teléfono.
  • No hay posibilidad de que vengan amigos de tu novio, de tu vieja, de tus hermanos que no soportás. Por lo tanto, generalmente la gente que viene a tu casa, es más que bienvenida. Porque si no, siempre está la opción de no atender el teléfono o el portero, o simplemente decir: estoy con gente, o no voy a estar.
  • Podés andar por la casa desnuda después de bañarte. O antes, o siempre.
Toda esta panacea es maravillosa. Es un pequeño mundo construido a la medida, imagen y semejanza de su dueño. Pero claro… no todo lo que reluce es oro, ¿no? Y aunque parezca que se tiene todo, también falta tanto….
Pero eso se los cuento mañana, porque ahora voy a disfrutar de la cama de dos plazas toda para mi, para dormir en el medio, o en el costado, o a los pies, o donde caiga. De eso me había olvidado.

viernes, 11 de julio de 2008

Esquizofrenia

A veces uno se pierde en la oscuridad, o se duerme en la bruma. Desaparece. Se desvanece. A veces la tristeza es tan densa que consume hasta las palabras. Las ausencias son tan presentes que ocupan, asfixian, aprisionan. Te dejan aislado en un cuarto sin luces ni ventanas. Entonces sólo queda dormir, o llorar. Seguramente callar.
Buscar adentro, adentro. Donde ya no hay nada. Ahondar, seguir, explorar. Silencio. Ecos. Recuerdos. Un día estuvo aquí. El sueño se hizo presente. Lo sentí. Lo toqué. Lo viví. Y se fue. Cruzó el mar. No importa donde, simplemente lejos. Donde no llegan las palabras, ni los gritos, ni el llanto. Y abrazás el aire. O la esperanza. Hasta que vuelva. Hasta que regrese. Y no regresa. O sí. Pero no a mí. A otra. A la de siempre, o la de casi siempre. A la que no era, pero resulta que es. Y te lo cruzás. Se miran. Nada. Un guiño. Un abrazo imperfecto. Los cuerpos no se amoldan. Ya no se conocen. Tiene otra dueña. Los besos son de otra. Las risas, los proyectos, los perdones. Sólo queda irse. Huir. Esconderse. Olvidar. Dormir, dormir, dormir. Encontrar otro sueño más allá de la vigilia. Ya no es él. Es la soledad toda. El miedo. La incertidumbre. La desilusión. Todo lo que pasa no es simplemente por alguien, sino por todo. Pasa el tiempo. Días, meses. Sí, me fui. Salaron las heridas, y volví. Casi renovada, con rumores lejanos. Frases que aún retumban de vez en cuando. El contorno de un cuerpo que se hizo sombra, o espectro aún a veces vaga por mi casa. Cuesta tanto suplantar. Avanzar. Cambiar. Todo se adhiere. Se aferra. Pero ya no más. Aquí estoy. Las palabras se acercan tímidas. Espían. Se preparan. Están alertas. Para volver a empezar.

jueves, 15 de mayo de 2008

Viviendo en Gayland

Hay un prejuicio medio instaurado:

Si un hombre es buenmozo, inteligente, simpático, se viste bien, ronda los treinta y pico, y está soltero: es gay.
Esta creencia está fundada sólo en la creciente paranoia femenina de que el universo gay se agranda día a día, dejándonos sin mercado, y privándonos de los mejores productos.
Cada uno debe cargar con su propio estigma. La diferencia es que si una mujer tiene ese mismo perfil y está soltera, no dicen que es torta, simplemente dicen que debe ser una histérica, con un carácter de mierda, pretenciosa e inconformista.

Cómo me contestó un amigo, justamente gay, el otro día ante mi duda sobre el chico que me gustaba: “Cortenlá con la paranoia y háganse cargo: ahora siempre usan eso como excusa si un tipo no les da bola”.
¿Será? ¿Los sentenciamos en pos de no reconocer nuestra propia derrota?¿O será que el sexto sentido de las mujeres de verdad funciona y ante signos mínimos podemos detectarlos? La otra pregunta entonces es: ¿por qué nos gustan?

Hay un límite difuso e irresistible entre el hombre perfecto y el homosexual, que también es perfecto, pero para otros. Claro que hay de todo, y no podemos generalizar, pero por lo menos en mi prototipo del hombre gay encajan casi todas las cualidades que busco en el hombre para mí, y lo peor es que los que conozco, son así la mayoría justamente para darme la razón.

Son altamente estéticos, cultos, simpáticos, inteligentes, seductores, dulces, y encantadores. ¿Qué más podríamos pedir? Que les gusten las mujeres.

Yo también tengo treinta y pico. No voy a hablar bien de mi, pero para seguir con la lógica que quiero plantear, una amiga me respondió: “tal vez no es gay, es igual a vos pero en hombre”.

Esperaría que sí. No puedo preguntarle. Sólo tratar de descifrar señales. Habrá que ver si su “demasiado simpático” es nada más que eso, es un tímido encubierto, es que no le gusto, o que efectivamente, sólo es demasiado simpático porque los otros demasiado los deja para otros.

sábado, 3 de mayo de 2008

K ces? Hblmos? Dnd tas? Kres?

Los SMS son una mierda.
Sí, tal vez mi afirmación es demasiado categórica.
Ese lenguaje particular repleto de Kas, carente de vocales, acotado, sin matices, sin adjetivos que destruye la gramática es la nueva manera de conversar, de comunicarse, de estar sin estar.

Este medio no hace más que quitarle personalidad a una comunicación. Es un activador de la ansiedad para las mujeres. Es una protección invisible para los hombres.
¿Cuánto más fácil es arreglar una salida por mensaje? Dos o tres frases, sin seducción, sin gestos, sin miradas. Pim, pum, pam, listo. Directo y al grano. Sin tener que recurrir a una conversación fluida, a frases ingeniosas, a tratar de convencer o por lo menos incitar. A través del mensaje es: “sí o no. La decisión queda en vos. Si decís que no, me escondo tras el teléfono, sin vergüenza, sin remordimiento, sin cuestionamientos. Ya está. Puedo hacer que nada pasó”.

Ojo, que también está el eterno mensajeo sin ningún fin concreto. Que tiene su “galantería”, pero resulta exasperante. Porque después de 20 smses de ida y vuelta, uno espera un: “bueno, ¿nos vemos?”. Y resulta, que el próximo mensaje nunca llega (suelen dejar las conversaciones a la mitad sin respuesta), o es un “besos”, que no responde a ninguna de nuestras últimas preguntas.

Pero las mujeres, ¿cuántas veces hemos estado con el teléfono en la mano esperando que suene, un clásico bip, para decirnos que ha llegado el ansiado mensaje? Los guardamos, los releemos, se los mostramos a nuestras amigas para descifrar que significan 20 letras agrupadas, las llamamos en el medio del ida y vuelta para definir en una conferencia tripartita qué contestamos. Hacemos un concilio para tratar de encontrar un sentido oculto que no existe.

Ellos lo usan porque justamente tienen que pensar menos. Nosotras más. A nosotras la conversación nos sale espontáneamente, es nuestro medio. En cambio ellos encontraron la herramienta justa donde no tienen que desplegar sus encantos. Donde no tienen que arriesgarse, ni exponerse, ni enfrentarse.

Porque asumámoslo: los hombres son simples. Y encontraron en la simpleza de los mensajes un nuevo lenguaje. Ellos no quieren decirnos nada más que lo que dicen esas dos palabras. Y nosotras queremos agregarle a eso todo el abecedario.
Nosotras pensamos 10 minutos cada respuesta, eligiendo cautelosamente las palabras, sabiendo que no hay tono, o gestos que acompañen para que se interpreten mejor. Y ellos, al igual que en el cara a cara, dicen las primeras palabras que les viene a la mente, sin ponerles un fondito de color siquiera.

Así que yo diría, que antes que nos volvamos locas, pensando, elucubrando, descifrando, buscando y esperando, la próxima respuesta escrita, debería ser: LLAMAME.

viernes, 25 de abril de 2008

What if...?

¿Cuántos “what if…” tienen dando vueltas por ahí?


What if…. No hubiese dejado a ese chico, what if… no hubiese renunciado a aquel, trabajo, si no se hubiese muerto mi papá, si hubiese elegido mejor a los hombres de mi vida, si hubiese ido a otra facultad, si… si ... si
Cada si…, hubiese creado un camino distinto, y luego otra decisión que tomar, y otro camino distinto. Quizás hubiese sido un atajo, quizás un recorrido sinuoso, quizás uno sin salida. Es como “Elige tu propia aventura”. Un si… no cambia una cosa que no nos haya gustado, o que hubiésemos hecho distinto. Un simple si… hubiese cambiado todo.
Hubiéramos sido otros, conocido a otras personas, vivido otras experiencias. Y nuestra vida, tal como es, no hubiese existido.
Entonces sí, seguramente hubiésemos tenido cosas mejores. También peores. Lo único que tenemos por seguro es que no seríamos esta persona que nos llevó, toda esa vida que a veces nos cuestionamos, ser.
Y quien sabe si no nos gustaría mucho menos la persona que hubiésemos llegado a ser eligiendo cualquiera de las otras opciones.
Si estamos aquí es por algo. Es irreversible. Así que sólo nos queda pensar a dónde queremos llegar, en qué queremos convertirnos, cual es esa persona que elegimos a cada minuto ser, para que en nuestros próximos “what if” tomemos la decisión correcta. Y el what if… deje de ser, cuando ha pasado el tiempo, un cuestionamiento, porque pase lo que pase, uno toma le mejor decisión posible en el momento en que se encuentra.

miércoles, 23 de abril de 2008

En mi cama una cualquiera....

No se si esta discusión tiene una resolución. No se si hay alguien que vaya a tener razón. El enunciado parece simple, la conclusión también. Pero a fin de cuentas, no lo es.

Si una mujer se acuesta muy rápido con un hombre, entonces, no la pueden tomar en serio.

¿Prehistórico pensarán algunas? Bueno amigas, lamento comunicarles que todavía quedan unos cuantos Neandertal viviendo entre nosotras.

¿Cuál es el momento en que una puede dejar de fingir que no tiene ganas para poder finalmente estar con alguien? ¿Cuál es el límite vago e impreciso entre el muy pronto y el momento justo? ¿Justo para quién? De hecho, ¿es justo que debamos reprimirnos en nombre del decoro que quedó anticuado allá lejos y hace tiempo?

Los hombres que claman ya no ser machistas, esos que a veces se la tiran de modernos, los que corren mujeres por cada rincón con el único fin de acostarse, son los mismos que luego proclaman: “si te acostás en la primera, segunda, tercera (no se hasta que número llegan algunos)… no te van a tomar en serio”. “ningún hombre proyecta con una mujer que se llevó a la cama en las primeras veces” “tenés que hacerte desear”.

Ese hombre que busca una mojigata, después quiere que te conviertas en una puta en la cama. ¿Por qué no vale ser una “puta” desde el principio? ¿Por qué el hombre tiene derecho consensuado de poder querer sexo todo el tiempo, de demostrar sus necesidades, sus ansiedades, sus deseos, y las mujeres debemos esperar a que ellos tengan ganas de que nosotros tengamos ganas?

El hombre dice: “si yo la quiero para tener algo en serio tampoco intento que pase nada la primera vez”.
¿Alguien puede explicarme cual es la relación entre una cosa y la otra? Porque realmente… por más que trato… por más que me lo explican… no lo entiendo.

¿Que tiene que ver la seriedad con el sexo? ¿De hecho no se supone que debería ser divertido, desprejuiciado, libre? ¿Por qué el tiempo que una mujer manipula claramente la espera tiene que ver con la posibilidad de que sea una novia? ¿Si a la familia no le van a andar contando cuando se acostaron? ¿Es simplemente uno de los bastiones que le quedan al machismo: decidir sobre el sexo de la mujer?

Muchas preguntas, ¿no? ¿Y las respuestas?
Hice una encuesta, y a la única resolución que he llegado es que: no es cuestión de edad, hay tantos hombres grandes como chicos con prejuicios.

Yo se que no quiero un hombre que piense así al lado mío.
Bueno… un hombre que piense así, no estaría al lado mío…
Y no es por que enarbole la bandera del feminismo, es porque sinceramente, creo que es un prejuicio cultural sin sustento lógico ni racional, que debería quedar en desuso.

Que simplemente se besen, se desnuden, se deseen, se disfruten, se conozcan, cuando lo sientan, sin tener que contenerse, ni refrenarse, ni reprimirse, ni reprenderse.

Porque esperar un mes, dos, diez citas, o veinte, no te hacen menos puta, menos loca, menos infiel, menos novia, menos madre.

Y el tiempo dirá… si esa mujer con la que se acostaron al minuto, a las horas, a los días de conocerse, es una buena mujer, que lo cuida, que lo quiere, que se entrega, que lo desea, que lo acompaña, que lo estimula, que lo incentiva, que lo divierte, que lo excita, que lo calma, que lo entiende, y con quien puede tener una relación "en serio". Ya que estas deberían ser las bases reales para enamorarse.

Porque después de todo… el sexo… es lo que nos hace justamente mujer.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Mil comedias no hacen una realidad

¿Por qué a mi nunca me pasa ir a un casamiento y conocer a un James Marsden o Dermot Mulroney?

En todos los casamientos que voy los únicos hombres solteros que quedan son pelados, gordos, transpirados, en un estado de ebriedad versión 2.0, tirando pasos desbaratados, con la corbada anudada en la frente cual quinceañero virgen en sus primeras fiestas. Y eso si es que queda algún soltero.

Claramente acabo de torturarme con otra nueva comedia romántica, “27 bodas”.
Lo que me lleva a preguntarme en qué se inspiran los escritores de las comedias románticas, que, seamos sinceros, para los que seguimos esperando que nos pase alguna de esas situaciones, la comicidad dejó de ser tal hace rato, y ya podríamos renombrar el género como: ciencia ficción…. Ah no, ya existe… bueno … Fantasía…. No no, tampoco…. Dejémoslo sólo en: Paliativos para la ilusión. O como algunos por suerte ya lo llaman: Romance. Ridículo, torpe, irreal, tonto, clásico, soñado y anhelado romance.

¿A alguna de ustedes les pasó alguna vez esas historias que ya se han convertido en mito o leyenda de: lo conocí en un tren, en la cola del banco, en el bautismo del hijo de una amiga que fui de casualidad, en un micro o en un avión, en un local de ropa? ¿Alguna es protagonista de una declaración al estilo: Realmente Amor, Jerry Macguire, Tienes un e-mail (no voy a repetir Cuando Harry conoció a Sally)? ¿Cuántas veces les regalaron orquideas, globos, anillos con brillantes? ¿Cuántos hombres han vuelto pidiendo perdón, reconociendo grandes errores y pequeños traspiés, reclamando el amor de sus vidas, aquel sin el cual todo pierde sentido?

Claro que no. Porque como dije: son mitos. La palabra "
mito" deriva del griego mythos, que signfica "palabra" o "historia". Si vamos a una simple definición: es un conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
Focalicemos en: “creencias”, “imágenes idealizadas”, “fenómeno”.
Todo apunta a lo irreal.
De hecho otra definición cita: narración fabulosa o imaginaria que intenta dar una explicación no racional a la realidad.

El mito se extiende, se hace carne. El mito pierde los márgenes y límites con la realidad. Hasta que uno pierde la verdadera noción. Hasta que uno cree que el mito es posible. Hasta que uno comienza a esperar y a vivir como si todo aquello fuera posible. Se reproduce. Se multiplica. Se aferra a la cotidianeidad. Se dibuja, adquiere forma. Ocupa un espacio. Se apodera. Y se queda ahí.

Yo escucho historias de gente a la que le han pasado justamente las historias más inverosímiles. Pero nunca llego a conocer esa gente. Parece que estuvieran en el grado 6. Nunca son de primer o segundo grado.

Así que por favor, si alguien tiene una de primera mano, aquí les dejo el espacio….

Para saber si todavía, debo conservar las esperanzas.

lunes, 10 de marzo de 2008

Extrañándote

¿Se puede extrañar algo que todavía no pasó? ¿Extrañar es simplemente añorar momentos vividos, o es desear vivir los que todavía no pasaron? ¿Hay un tiempo reglamentario para que se pueda comenzar a extrañar, o se puede extrañar la ausencia después de sólo un momento?

Creo que crear ilusiones de lo que uno desea que alguna vez sea un hermoso recuerdo es una manera anticipada de extrañar lo que aún no tenemos. Creo que recordar intensamente los encuentros felices es estar deseando que puedan repetirse. Creo que extrañar es simplemente el sentimiento latente de algo que sucedió, no importa por cuanto tiempo, suficientemente significativo para quede vivo, respirando, deseando, esperando volver a aparecer. Un lugar, una persona, un espacio, un tiempo. Todo junto. Todo por separado. Es el hueco, el vacío, la falta, la carencia, la necesidad. Es sencillamente desear que algo que no está… esté.

Se puede extrañar con una sonrisa, con esperanza, con desazón, con dolor, con angustia, con lágrimas, con asfixia, con pudor, con remordimientos, con culpa, con locura, con pasión, con desgarro, con ansiedad, con amor.
Y también sin consuelo, sin razones, sin permiso, sin respuestas, sin saberlo, sin esfuerzo, sin ganas, sin decirlo, sin deberlo, sin asumirlo, sin quererlo.

Entonces, otra manera de decir te extraño es decirle a alguien: ojalá estuvieras aquí para colmar este vacío. Este infinito espacio en que quisiera que estés. Fundando recuerdos que añorar en el futuro. Porque se que fueron breves los momentos en los que acuñé tus besos, caricias, sonrisas, miradas, abrazos, encuentros. Pero también sé que hoy comienzo a extrañar todos aquellos que podríamos estar viviendo mientras no estés aquí. Mientras te siento lejano. Mientras espero que sólo por un tiempo, no estés conmigo.

lunes, 3 de marzo de 2008

Broma pesada

Es increíble como a veces la persona indicada viene en el envase incorrecto, en el momento equivocado y sobretodo desfasado en el tiempo.
Una espera conocer a alguien que sea de tal o cual manera, y muchas veces piensa que jamás va a encontrarlo, pero se aferra a la fantasía, la vuelve realidad en sueños, y la busca incansablemente por la vida.
Entonces, esa misma vida, jocosa, despiadada y aburrida decide tendernos una trampa. Nos dice: aquí va el que tanto esperabas.
Un hombre colmado de caricias, de frases de amor, de canciones románticas, de abrazos enormes, de risas imprevistas, de encuentros espontáneos. Un hombre que exuda sexo, que enciende la química, que transpira pasión. Y sin importar todo esto, simplemente un hombre, que cuando recordás, te hace esbozar, sin quererlo, una sonrisa.
Pero claro, como no podía tenerlo todo, lo metió en un cuerpo diez años menor.
Y todo lo perfecto, se transforma en una broma pesada del destino.
Porque, por supuesto, la diferencia se nota según en que momento uno se encuentre. Pero para no dejar detalle librado al azar, también se encargó de que no fuera el adecuado.
Escucho su risa a mis espaldas mientras escribo. Y una vocecita cruel que dice: “casi.. pero vas a tener que seguir esperando”.

sábado, 2 de febrero de 2008

El pez por la boca muere

¿A cuántas cosas han dicho que no, y luego terminaron cediendo? ¿Cuántas incontables veces se cansaron de decir jamás, y hoy recuerdan la frase “nunca digas nunca”?
Es que en esta vida no hay nada definitivo, y lo que ayer nos parecía imposible, hoy nos puede parecer más que atractivo. Resguardados tras los prejuicios, tras los principios, tras las ideas y los ideales, rechazamos lo que aún no conocemos. Así que permanezcan abiertos a cualquier posibilidad, sin decir de antemano que no, siempre dejen una ventana abierta, porque no sabemos lo que el destino nos depara, no sabemos cuantas sorpresas hay a la vuelta de la esquina, no sabemos en qué situación nos encontraremos. Puede haber un regalo de esta vida ahí esperando para que podamos disfrutarlo.
Dejen las cosas fluir. No hablen de más, porque todo lo que digan, puede ser utilizado en su contra, y ya lo saben, el pez, por la boca muere.

miércoles, 16 de enero de 2008

Las dos caras del sexo

Los hombres y las mujeres tenemos una manera muy distinta de experimentar el sexo.
No por algo abundan los chistes de: “convertite en pizza”, “en control remoto”. Hoy hasta hay una marca de ropa femenina que se llama: Vestite y Andate.

Creo que el ejemplo más claro es el diálogo de la película “Cuando Harry conoció a Sally” (sí, ya se, la cito en todos lados, pero es que es como la Biblia de las relaciones), cuando él le dice: “los hombres nos preguntamos: cuánto tiempo deberé seguirla abrazando? ¿Una hora, 40 segundos serán suficientes? Seguro a ti te gusta que te abracen toda la noche. Ahí está el problema. Algo entre los 40 segundos y toda la noche”.


Hay una dudosa y no se si comprobada teoría química, que plantea que a los hombres le bajan las hormonas hasta casi una depresión, como a los animales, y por eso deben retirarse, descansar. Sienten ese desapego, ese querer desaparecer. Las mujeres en cambio vivimos casi siempre entre la cima y la meseta. Nuestro punto de satisfacción es más lejano. Quedamos como que siempre puede haber algo más, hay un espacio por completar, y es el que queremos llenar de afecto.

Las mujeres necesitamos sentir un poco de amor. No importa cuan superadas y liberales podamos ser. No importa que podamos considerar que el sexo y el amor pueden ir separados, al igual que piensan los hombres. No importa que de verdad hayamos buscado a ese hombre por el mero descargo y placer sexual. Por un breve instante, por un lapso finito de tiempo, necesitamos sentir que la persona que está a nuestro lado nos importa, que hay algo que nos une, que podría ser un gran amor, que eso es el comienzo de algo.

Creo que tiene que ver la culpa. Por más que la evolución haya llevado a nuestro género a niveles otrora impensados e inimaginables, hay como un código genético que todavía permanece aferrado a nuestro ADN.
Esta atadura a ser mujeres.

Cuando el deseo y desenfreno terminó, el hombre quiere una cama de dos plazas, o dos cuartos, y las mujeres de una y estar encimados.

Conocemos la sensación porque también nos ha pasado. Ya sea para protegernos de que alguien quiera que nos vayamos y hemos decidido irnos antes, ya sea porque habíamos cumplido nuestro propósito y no tenía sentido seguir ahí, ya sea porque esa vez nuestras hormonas fueron las que huyeron. Alguna vez nos hemos sentido el hombre queriendo disimulada, pero raudamente, escapar de la situación.

Y la verdad es que el sexo por si mismo esta bien.
Está más que bien.

Pero, si somos sinceros, cuánto mejor es cuando hay un sentimiento de por medio, cuando podés mirarte en los ojos del otro y sentir esa vibración, y sentir el disfrute, y saber que le gusta, y que sepa que te gusta. Y poder abrazarte, aunque sea un momento, sin sentir la incomodidad del cuerpo desconocido, de la falta de diálogo, de los silencios obligados, de saber que ambos están esperando el momento en que uno decida irse.

A veces la noche de abrazo que esperan las mujeres, se extiende por lo menos hasta el otro día, en que una espera un llamado, un mensaje. Para mitigar la conciencia atormentada, o para disfrutar del interés mutuo. Para no sentirse una muñeca inflable. Aunque no sea más que por ese siguiente día. Prolongar la ilusión hasta que las horas la desvanezcan por si sola.

Y no malinterpretemos. No es que las mujeres no sabemos diferenciar. No es que cada vez que nos acostamos con alguien queremos estar de novias. No vivimos en los años 20.
Sólo que a veces necesitamos disfrazar el instinto por cariño, los deseos por interés, el sexo por el amor que ambos sabemos ficticio.

Y no se si detenerles el reloj, para que los 40 segundos se transformen en al menos 4 horas, y conciliar el tiempo de cada uno en la mitad.