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jueves, 18 de febrero de 2010

Gallito Ciego



Hay distintas instancias en donde conocer a alguien. Puede ser en un cumpleaños, en el trabajo, en la facultad, en un grupo de gente que no conocías. Uno también puede enamorarse un dìa, sin querer y darse cuenta, de su mejor amigo, de su primo, o del marido de una amiga. Se puede conocer a alguien en el tren, en una parada de colectivo un día de paro en los que no pasan nunca, en la cola de un McDonalds, y por supuesto en un boliche. Y también se los puede conocer en una cita a ciegas. Y después… desconocer.

La cita a ciegas es esa instancia de incertidumbre y vanas esperanzas en la que dos personas absolutamente desconocidas, ligadas porque tienen un amigo en común, deciden encontrarse y afrontar una situación de riesgo basados simplemente en escuetas referencias que remiten a color de pelo (si tiene), ojos, tetas, inteligencia, diversión, auto, trabajo, y estado civil. He conocido algún que otro caso en el que ha funcionado, de hecho yo estuve de novia un año con un chico que conocí de esa manera. Pero hablando de probabilidades y resultados reales, ¿una de cada cuantas funcionan? ¿Cuánta gente conocen que ha salido en 10, 20 y los comentarios suelen pasar de lo gracioso a lo nefasto? ¿Cuántos al menos la pasan aunque sea bien?

Porque lo inentendible es que si el nexo común es una persona que conoce y quiere bien a ambos, que diferencia los gustos, los intereses, las preferencias y objeciones o reservas de cada uno, ¿por qué entonces no funcionan?¿ Por qué es como jugar al gallito ciego, buscando a tientas entre personas que desconocemos, una certeza que casi nunca llega?

La realidad es así:
  • Primero hay una llamada telefónica con suerte, si no un triste mensaje de texto como primera introducción, ante el cual les digo ya, no contesten.
  • Más allá de que la conversación discurra amena y divertida, o casi sin puntos en común, la salida es inevitable porque era el fin primario del llamado.
  • Entonces, más allá de las referencias, o las fotos que obviamente no suelen ser ni parecidas a la realidad, viene el momento crucial del encuentro en el que uno abre la puerta y el misterio se devela: en ese preciso y breve instante miles de pensamientos pueden cruzar la mente y hay que decidir en un segundo qué hacer: seguir caminando como si fuéramos otra persona, decir: mi hermana se tuvo que ir de urgencia lo lamento, afrontar la situación con hidalguía, o con suerte sonreír, y pensar: por lo menos esto empezó bien.
  • Y de ahí en más todo puede salir bien, o desembocar en un desastre.
Sólo para la bitácora un par de anécdotas:
- Un hombre le dice a la chica cuando iban en el auto: “eras más linda en la foto”
- Un hombre se sacaba comida de los dientes con los dedos en plena salida
- Después de una noche de charla en la pizzería en la que él se comportaba agresivo con todos los de alrededor, al terminar le dice a la moza: “me envolvés las DOS porciones de pizza para llevar”. Y como si fuera poco, al llegar a la casa de ella le da el paquete y le dice: “te las pedí para vos, para que desayunes mañana”. Por supuesto el paquete no pasó la puerta de entrada
- El se la pasó hablando toda la noche de la mejor vida que tuvo viviendo en Brasil, de sus idas y vueltas, y entre una historia y otra, con los ojos al borde de las lágrimas dice: “es que en realidad no se si soy viudo porque mi mujer andaba en temas de drogas y capaz la mataron los narcos, así que no se qué decirle a mi hija, porque capaz la otra esta tirada muerta ahí en un lugar y nadie sabe. ¿Querés postre?” No gracias.
- El chico no le habla en casi toda la noche, mira para otro lado, se nota que está hasta aburrido. La lleva a la casa y cuando se despiden él le dice: “me das un beso”, “te lo acabo de dar, te saludé” “no, digo, un beso bien” “Chau Amir”.
- Cuando van a pagar, él mira la cuenta: 145$. Saca la billetera y deja 123$ y los pone sobre la mesa, y dice. “no te preocupes, dejé 50 centavos de más porque no tenía una moneda
Just random cases. Todos debemos tener una historia que contar.
A veces, o siempre, es sencillamente mejor evaluar a las personas a fondo y decir: no tengo a nadie a quien presentarte.

Y si decidimos salir una vez más, dejando atrás las malas experiencias, tomarlo como una noche más, comer rico y volver a casa con una sonrisa, o repleta de anécdotas que contar a las amigas.

viernes, 3 de julio de 2009

5 formas de dejar a alguien

Trilladas, gastadas, originales, sutiles, brutales, despiadadas, insensibles, cautelosas. Hay de todo tipo. Cada vez que uno habla con sus amigos surgen nuevas historias, que nos hacen reír, enojarnos, sorprendernos, asombrarnos, desilusionarnos, y hasta preocuparnos. Aquí van sólo 5 que escuché o viví:

1) “No sos vos, soy yo”: sí, es la frase más desgastada de todas. ¿Lo es? Yo creo más que es un mito instaurado, una leyenda que se propaga y en realidad suena más en los títulos de películas, o en representaciones y charlas sobre como dejar a alguien, o como nos han dejado, que en la realidad. Pero la otra realidad, es que a mi me la han dicho. Seguido de: vos sos una reina. ¡No traten de suavizarlo con un elogio tan poco creible! Y sí, además claramente, no es uno, es el otro: el otro el que quiere dejarte, el que ya no quiere estar, el que no tiene interés, el que en realidad está suprimiendo palabras de la frase para decir: nos sos vos la que no me quiere, soy yo el que no te quiere a vos.

2) Post it: los papelitos que se pegan. Amarillitos, o de colores. Grandes o chicos. Alcanzan para dejar una frase pegada en la heladera, en la mesita de luz, en la puerta. Según el tamaño pueden servir para una explicación, o una excusa seguramente, que nos permita entender algo: “linda, no te lo podía decir, pero la verdad es que ya no puedo seguir con esto, te pido que no te enojes, creo que es lo mejor para los dos, y me costaba mucho enfrentar la situación…(sigue atrás, cuando despegás el fatídico papelíto)… asi que te deseo lo mejor, un beso”. Hay otros más chicos que alcanzan para: “sorry pero no sabía como decírtelo, y encontré el papelito en mi camino de salida. Chau. No me esperes”. Y hay todavía más pequeños para escribir lo justo y necesario: “se terminó. No me llames”.

3) Bomba de humo: así de simple. Sin más. Un día dejó de llamar. Y nadie se preocupó. Otro día tampoco llamó. Alguna explicación habrá. Otro día pasó. Y ya no hubo ni teléfono, ni msn, ni sms, ni mms, ni timbre, ni mail, ni carta el el buzón. Nada. Algunos prefieren hacerlo así, sin tener que enfrentarse, como si no hubiese nada que decir. Dejar con la intención de que el otro se de cuenta sólo, lo entienda, lo acepte, y se acostumbre. Y por supuesto, sin atender tampoco para que uno no tenga derecho ni a pedir nada, ni a preguntar nada, ni a putear nada. Se van así. Sin palabras. Sí… ya se: sin palabras.

4) Batería de mentiras: cualquiera de todas estas frases: “me gustás mucho pero no se lo que quiero”(pero claramente no es a vos), “nos conocimos en un mal momento” (aunque el momento justo no hubiera llegado nunca), “le tengo miedo al compromiso”(llamarte y verte todo el tiempo es un compromiso no un placer, y no me interesás lo suficiente para ser con la única que esté), “ahora estoy enfocado en el trabajo” (y en el happy hour donde voy a conocer más mujeres), “hay muchas cosas que todavía me quedan por hacer antes en la vida que después no voy a poder hacer” (analizar el mercado a ver si alguna me gusta más que vos), “ no tenemos los mismos principios”(tengo que recurrir a algo que uno pueda defender a muerte y no cambiar en la vida para que no me puedas decir: pero mi amor, lo cambio por vos), “te merecés algo mejor” (DE ESO ESTAMOS SEGUROS SI NOS DICEN ESTO), “ no puedo darte lo que vos querés” (no quiero darte más de lo que te estoy dando), “estamos yendo muy rápido”(yo estaba para salir una vez por semana cuando quería tener sexo nada más). Todas son sinónimo de: no me interesás para nada. Como dice la película: he´s just NOT that into you. Let it go.

5) Hago que me dejen: las mujeres somos más decididas que los hombres. Y la dignidad y el orgullo suelen hacernos sobreponer al dolor. Preferimos llorar a solas, que ser tratadas con indiferencia. O no ser tratadas. Antes de llegar a cualquiera de las primeras 4 situaciones, preferimos ser las que tomamos la decisión forzada que en realidad el otro ya tomó pero no se anima a comunicarnos. Así que él juega más al futbol con los amigos, tiene más trabajo, mira más tele, no nos acompaña a ningún evento, se duerme más temprano, no tiene nada de qué conversar y además genera una pelea por cualquier cosa. Es el momento mujeres, de sentarse y lo querramos o no, decir la frase la pidaria: “tenemos que hablar”.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Carta para no leer

Este post no es mío. Es de uno de mis mejores amigos. De esos que te da la vida para siempre.
Ni siquiera es un post. Es justamente una "carta para no leer". Esas que se escriben en silencio, que se sufren en penumbras, que se acallan con esfuerzo. Es todo lo que uno quiere decir ... y no quiere. Porque cuando llega la muerte del amor, las palabras que se dicen suelen ser crueles, simples, seguramente despiadadas. Pero las que callan son las más dulces, las más dolorosas, las más poéticas. Y es que claro, esas, las más bellas, están destinadas en realidad para decirse cuando el amor fluye, cuando uno hace lo imposible para que perdure, cuando uno quiere alimentarlo de ilusiones, sueños, esperanzas y recuerdos inventados.
Así que por esta vez dejemoslás fluir. Seamos testigos de los sentimientos más internos de los hombres. Veamos esta vez que ellos también aman, sufren, lloran, pierden.



Carta para no leer
Despojado de un amor tan perturbado que cego mi realidad inpunemente, puedo ahora ver la inmensidad de tu mentira, de tu juego pernicioso. El indisimulable dolor manifiesto que sentiste con su pérdida, tu desesperación hiriente para salvar lo insalvable, porque podrás recuperar su cuerpo, pero nunca entero, nunca pleno. Y hablo de El, no hablo del amor perdido... El último aliento de tu relación conmigo, malgastado inoportunamente sin sentido en un pedido de ayuda para recuperar lo irrecuperable.
La sensación inequívoca de vivir equivocado, el dolor que se escurre hasta los huesos de saberme perdido tanto tiempo en un amor tóxico. La idiotez con que creía tu veneno no letal, aunque doloroso , y la sensación de libertad que revivió expontáneamente en el vacío de la razón, liviana como el aire, estaba la verdad ante mis ojos. Cuanto me mentí traicioneramente mirándome a los ojos, cuanto me expuse sin saberlo, o a sabiendas... es igual.

Puedo ver ahora la inmensidad de tu mentira. Ya no siento más dolor, y la pena se reduce lentamente pero firme, incorruptible.... Cuánto te tuve entre mis brazos y que poco te he conocido. A donde fue la complejidad lineal de mi criterio, si tan sólo tomarte de la mano pudo más que mil verdades. He conocido el amor, y lo he sufrido, mas no cambio uno solo de mis días si estos sirvieron para aprender a respetarme, a conocerme vivo.¿Qué hubiera sido de mi sin el dolor que me causaste, cuántos años más tendría que haber pasado para crecer como he crecido?

Esta carta la escribi mil veces en mis sueños, y esta sola vez con el teclado, sentí miedo al darme cuenta que más tiempo pasa y más olvido, me duele menos, y se esconde en mi alma la fuerza de un amor que siendo tan fuerte, no fue correspondido.

No se cuando la voy a enviar, quizas nunca o tal vez te llegue, animado por un coraje tímido. Probablemente no hayas tenido la oportunidad de leer hasta este párrafo, pero si así fuera...... quiero decirte que ya no soy el mismo, que ya no espero nada, ni un mensaje, ni un llamado, ni noticias.... no espero nada porque prefiero inventarme tu recuerdo, en nuestra casa del country , en el jardin, con un gran perro y muchos hijos riéndo con tu risa.

"Ya no la quiero, es cierto, pero talvez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa, Y estos sean los últimos versos que yo le escribo."

by CJR

jueves, 15 de mayo de 2008

Viviendo en Gayland

Hay un prejuicio medio instaurado:

Si un hombre es buenmozo, inteligente, simpático, se viste bien, ronda los treinta y pico, y está soltero: es gay.
Esta creencia está fundada sólo en la creciente paranoia femenina de que el universo gay se agranda día a día, dejándonos sin mercado, y privándonos de los mejores productos.
Cada uno debe cargar con su propio estigma. La diferencia es que si una mujer tiene ese mismo perfil y está soltera, no dicen que es torta, simplemente dicen que debe ser una histérica, con un carácter de mierda, pretenciosa e inconformista.

Cómo me contestó un amigo, justamente gay, el otro día ante mi duda sobre el chico que me gustaba: “Cortenlá con la paranoia y háganse cargo: ahora siempre usan eso como excusa si un tipo no les da bola”.
¿Será? ¿Los sentenciamos en pos de no reconocer nuestra propia derrota?¿O será que el sexto sentido de las mujeres de verdad funciona y ante signos mínimos podemos detectarlos? La otra pregunta entonces es: ¿por qué nos gustan?

Hay un límite difuso e irresistible entre el hombre perfecto y el homosexual, que también es perfecto, pero para otros. Claro que hay de todo, y no podemos generalizar, pero por lo menos en mi prototipo del hombre gay encajan casi todas las cualidades que busco en el hombre para mí, y lo peor es que los que conozco, son así la mayoría justamente para darme la razón.

Son altamente estéticos, cultos, simpáticos, inteligentes, seductores, dulces, y encantadores. ¿Qué más podríamos pedir? Que les gusten las mujeres.

Yo también tengo treinta y pico. No voy a hablar bien de mi, pero para seguir con la lógica que quiero plantear, una amiga me respondió: “tal vez no es gay, es igual a vos pero en hombre”.

Esperaría que sí. No puedo preguntarle. Sólo tratar de descifrar señales. Habrá que ver si su “demasiado simpático” es nada más que eso, es un tímido encubierto, es que no le gusto, o que efectivamente, sólo es demasiado simpático porque los otros demasiado los deja para otros.

sábado, 3 de mayo de 2008

K ces? Hblmos? Dnd tas? Kres?

Los SMS son una mierda.
Sí, tal vez mi afirmación es demasiado categórica.
Ese lenguaje particular repleto de Kas, carente de vocales, acotado, sin matices, sin adjetivos que destruye la gramática es la nueva manera de conversar, de comunicarse, de estar sin estar.

Este medio no hace más que quitarle personalidad a una comunicación. Es un activador de la ansiedad para las mujeres. Es una protección invisible para los hombres.
¿Cuánto más fácil es arreglar una salida por mensaje? Dos o tres frases, sin seducción, sin gestos, sin miradas. Pim, pum, pam, listo. Directo y al grano. Sin tener que recurrir a una conversación fluida, a frases ingeniosas, a tratar de convencer o por lo menos incitar. A través del mensaje es: “sí o no. La decisión queda en vos. Si decís que no, me escondo tras el teléfono, sin vergüenza, sin remordimiento, sin cuestionamientos. Ya está. Puedo hacer que nada pasó”.

Ojo, que también está el eterno mensajeo sin ningún fin concreto. Que tiene su “galantería”, pero resulta exasperante. Porque después de 20 smses de ida y vuelta, uno espera un: “bueno, ¿nos vemos?”. Y resulta, que el próximo mensaje nunca llega (suelen dejar las conversaciones a la mitad sin respuesta), o es un “besos”, que no responde a ninguna de nuestras últimas preguntas.

Pero las mujeres, ¿cuántas veces hemos estado con el teléfono en la mano esperando que suene, un clásico bip, para decirnos que ha llegado el ansiado mensaje? Los guardamos, los releemos, se los mostramos a nuestras amigas para descifrar que significan 20 letras agrupadas, las llamamos en el medio del ida y vuelta para definir en una conferencia tripartita qué contestamos. Hacemos un concilio para tratar de encontrar un sentido oculto que no existe.

Ellos lo usan porque justamente tienen que pensar menos. Nosotras más. A nosotras la conversación nos sale espontáneamente, es nuestro medio. En cambio ellos encontraron la herramienta justa donde no tienen que desplegar sus encantos. Donde no tienen que arriesgarse, ni exponerse, ni enfrentarse.

Porque asumámoslo: los hombres son simples. Y encontraron en la simpleza de los mensajes un nuevo lenguaje. Ellos no quieren decirnos nada más que lo que dicen esas dos palabras. Y nosotras queremos agregarle a eso todo el abecedario.
Nosotras pensamos 10 minutos cada respuesta, eligiendo cautelosamente las palabras, sabiendo que no hay tono, o gestos que acompañen para que se interpreten mejor. Y ellos, al igual que en el cara a cara, dicen las primeras palabras que les viene a la mente, sin ponerles un fondito de color siquiera.

Así que yo diría, que antes que nos volvamos locas, pensando, elucubrando, descifrando, buscando y esperando, la próxima respuesta escrita, debería ser: LLAMAME.

miércoles, 23 de abril de 2008

En mi cama una cualquiera....

No se si esta discusión tiene una resolución. No se si hay alguien que vaya a tener razón. El enunciado parece simple, la conclusión también. Pero a fin de cuentas, no lo es.

Si una mujer se acuesta muy rápido con un hombre, entonces, no la pueden tomar en serio.

¿Prehistórico pensarán algunas? Bueno amigas, lamento comunicarles que todavía quedan unos cuantos Neandertal viviendo entre nosotras.

¿Cuál es el momento en que una puede dejar de fingir que no tiene ganas para poder finalmente estar con alguien? ¿Cuál es el límite vago e impreciso entre el muy pronto y el momento justo? ¿Justo para quién? De hecho, ¿es justo que debamos reprimirnos en nombre del decoro que quedó anticuado allá lejos y hace tiempo?

Los hombres que claman ya no ser machistas, esos que a veces se la tiran de modernos, los que corren mujeres por cada rincón con el único fin de acostarse, son los mismos que luego proclaman: “si te acostás en la primera, segunda, tercera (no se hasta que número llegan algunos)… no te van a tomar en serio”. “ningún hombre proyecta con una mujer que se llevó a la cama en las primeras veces” “tenés que hacerte desear”.

Ese hombre que busca una mojigata, después quiere que te conviertas en una puta en la cama. ¿Por qué no vale ser una “puta” desde el principio? ¿Por qué el hombre tiene derecho consensuado de poder querer sexo todo el tiempo, de demostrar sus necesidades, sus ansiedades, sus deseos, y las mujeres debemos esperar a que ellos tengan ganas de que nosotros tengamos ganas?

El hombre dice: “si yo la quiero para tener algo en serio tampoco intento que pase nada la primera vez”.
¿Alguien puede explicarme cual es la relación entre una cosa y la otra? Porque realmente… por más que trato… por más que me lo explican… no lo entiendo.

¿Que tiene que ver la seriedad con el sexo? ¿De hecho no se supone que debería ser divertido, desprejuiciado, libre? ¿Por qué el tiempo que una mujer manipula claramente la espera tiene que ver con la posibilidad de que sea una novia? ¿Si a la familia no le van a andar contando cuando se acostaron? ¿Es simplemente uno de los bastiones que le quedan al machismo: decidir sobre el sexo de la mujer?

Muchas preguntas, ¿no? ¿Y las respuestas?
Hice una encuesta, y a la única resolución que he llegado es que: no es cuestión de edad, hay tantos hombres grandes como chicos con prejuicios.

Yo se que no quiero un hombre que piense así al lado mío.
Bueno… un hombre que piense así, no estaría al lado mío…
Y no es por que enarbole la bandera del feminismo, es porque sinceramente, creo que es un prejuicio cultural sin sustento lógico ni racional, que debería quedar en desuso.

Que simplemente se besen, se desnuden, se deseen, se disfruten, se conozcan, cuando lo sientan, sin tener que contenerse, ni refrenarse, ni reprimirse, ni reprenderse.

Porque esperar un mes, dos, diez citas, o veinte, no te hacen menos puta, menos loca, menos infiel, menos novia, menos madre.

Y el tiempo dirá… si esa mujer con la que se acostaron al minuto, a las horas, a los días de conocerse, es una buena mujer, que lo cuida, que lo quiere, que se entrega, que lo desea, que lo acompaña, que lo estimula, que lo incentiva, que lo divierte, que lo excita, que lo calma, que lo entiende, y con quien puede tener una relación "en serio". Ya que estas deberían ser las bases reales para enamorarse.

Porque después de todo… el sexo… es lo que nos hace justamente mujer.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Mil comedias no hacen una realidad

¿Por qué a mi nunca me pasa ir a un casamiento y conocer a un James Marsden o Dermot Mulroney?

En todos los casamientos que voy los únicos hombres solteros que quedan son pelados, gordos, transpirados, en un estado de ebriedad versión 2.0, tirando pasos desbaratados, con la corbada anudada en la frente cual quinceañero virgen en sus primeras fiestas. Y eso si es que queda algún soltero.

Claramente acabo de torturarme con otra nueva comedia romántica, “27 bodas”.
Lo que me lleva a preguntarme en qué se inspiran los escritores de las comedias románticas, que, seamos sinceros, para los que seguimos esperando que nos pase alguna de esas situaciones, la comicidad dejó de ser tal hace rato, y ya podríamos renombrar el género como: ciencia ficción…. Ah no, ya existe… bueno … Fantasía…. No no, tampoco…. Dejémoslo sólo en: Paliativos para la ilusión. O como algunos por suerte ya lo llaman: Romance. Ridículo, torpe, irreal, tonto, clásico, soñado y anhelado romance.

¿A alguna de ustedes les pasó alguna vez esas historias que ya se han convertido en mito o leyenda de: lo conocí en un tren, en la cola del banco, en el bautismo del hijo de una amiga que fui de casualidad, en un micro o en un avión, en un local de ropa? ¿Alguna es protagonista de una declaración al estilo: Realmente Amor, Jerry Macguire, Tienes un e-mail (no voy a repetir Cuando Harry conoció a Sally)? ¿Cuántas veces les regalaron orquideas, globos, anillos con brillantes? ¿Cuántos hombres han vuelto pidiendo perdón, reconociendo grandes errores y pequeños traspiés, reclamando el amor de sus vidas, aquel sin el cual todo pierde sentido?

Claro que no. Porque como dije: son mitos. La palabra "
mito" deriva del griego mythos, que signfica "palabra" o "historia". Si vamos a una simple definición: es un conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
Focalicemos en: “creencias”, “imágenes idealizadas”, “fenómeno”.
Todo apunta a lo irreal.
De hecho otra definición cita: narración fabulosa o imaginaria que intenta dar una explicación no racional a la realidad.

El mito se extiende, se hace carne. El mito pierde los márgenes y límites con la realidad. Hasta que uno pierde la verdadera noción. Hasta que uno cree que el mito es posible. Hasta que uno comienza a esperar y a vivir como si todo aquello fuera posible. Se reproduce. Se multiplica. Se aferra a la cotidianeidad. Se dibuja, adquiere forma. Ocupa un espacio. Se apodera. Y se queda ahí.

Yo escucho historias de gente a la que le han pasado justamente las historias más inverosímiles. Pero nunca llego a conocer esa gente. Parece que estuvieran en el grado 6. Nunca son de primer o segundo grado.

Así que por favor, si alguien tiene una de primera mano, aquí les dejo el espacio….

Para saber si todavía, debo conservar las esperanzas.

miércoles, 16 de enero de 2008

Las dos caras del sexo

Los hombres y las mujeres tenemos una manera muy distinta de experimentar el sexo.
No por algo abundan los chistes de: “convertite en pizza”, “en control remoto”. Hoy hasta hay una marca de ropa femenina que se llama: Vestite y Andate.

Creo que el ejemplo más claro es el diálogo de la película “Cuando Harry conoció a Sally” (sí, ya se, la cito en todos lados, pero es que es como la Biblia de las relaciones), cuando él le dice: “los hombres nos preguntamos: cuánto tiempo deberé seguirla abrazando? ¿Una hora, 40 segundos serán suficientes? Seguro a ti te gusta que te abracen toda la noche. Ahí está el problema. Algo entre los 40 segundos y toda la noche”.


Hay una dudosa y no se si comprobada teoría química, que plantea que a los hombres le bajan las hormonas hasta casi una depresión, como a los animales, y por eso deben retirarse, descansar. Sienten ese desapego, ese querer desaparecer. Las mujeres en cambio vivimos casi siempre entre la cima y la meseta. Nuestro punto de satisfacción es más lejano. Quedamos como que siempre puede haber algo más, hay un espacio por completar, y es el que queremos llenar de afecto.

Las mujeres necesitamos sentir un poco de amor. No importa cuan superadas y liberales podamos ser. No importa que podamos considerar que el sexo y el amor pueden ir separados, al igual que piensan los hombres. No importa que de verdad hayamos buscado a ese hombre por el mero descargo y placer sexual. Por un breve instante, por un lapso finito de tiempo, necesitamos sentir que la persona que está a nuestro lado nos importa, que hay algo que nos une, que podría ser un gran amor, que eso es el comienzo de algo.

Creo que tiene que ver la culpa. Por más que la evolución haya llevado a nuestro género a niveles otrora impensados e inimaginables, hay como un código genético que todavía permanece aferrado a nuestro ADN.
Esta atadura a ser mujeres.

Cuando el deseo y desenfreno terminó, el hombre quiere una cama de dos plazas, o dos cuartos, y las mujeres de una y estar encimados.

Conocemos la sensación porque también nos ha pasado. Ya sea para protegernos de que alguien quiera que nos vayamos y hemos decidido irnos antes, ya sea porque habíamos cumplido nuestro propósito y no tenía sentido seguir ahí, ya sea porque esa vez nuestras hormonas fueron las que huyeron. Alguna vez nos hemos sentido el hombre queriendo disimulada, pero raudamente, escapar de la situación.

Y la verdad es que el sexo por si mismo esta bien.
Está más que bien.

Pero, si somos sinceros, cuánto mejor es cuando hay un sentimiento de por medio, cuando podés mirarte en los ojos del otro y sentir esa vibración, y sentir el disfrute, y saber que le gusta, y que sepa que te gusta. Y poder abrazarte, aunque sea un momento, sin sentir la incomodidad del cuerpo desconocido, de la falta de diálogo, de los silencios obligados, de saber que ambos están esperando el momento en que uno decida irse.

A veces la noche de abrazo que esperan las mujeres, se extiende por lo menos hasta el otro día, en que una espera un llamado, un mensaje. Para mitigar la conciencia atormentada, o para disfrutar del interés mutuo. Para no sentirse una muñeca inflable. Aunque no sea más que por ese siguiente día. Prolongar la ilusión hasta que las horas la desvanezcan por si sola.

Y no malinterpretemos. No es que las mujeres no sabemos diferenciar. No es que cada vez que nos acostamos con alguien queremos estar de novias. No vivimos en los años 20.
Sólo que a veces necesitamos disfrazar el instinto por cariño, los deseos por interés, el sexo por el amor que ambos sabemos ficticio.

Y no se si detenerles el reloj, para que los 40 segundos se transformen en al menos 4 horas, y conciliar el tiempo de cada uno en la mitad.

martes, 27 de noviembre de 2007

Casi

Hay alguien que casi es. Pero no es.
Todos tenemos un amigo del cual siempre nos preguntamos: ¿y? ¿por qué no?
Es más, nuestros amigos cuando nos ven juntos nos preguntan: ¿y? ¿por qué no?


Es caballero, dulce, simpático, divertido. Para uno tal vez es lindo, o “no es tan feo”. Hasta podés haber tenido una que otra recaída, o un par de caricias de más. Tienen química. Besa bien. O no. Jamás pasó nada, pero se cruzaron más que una mirada. Les gustan las mismas cosas: la misma música, las mismas obras de teatro, algunas películas, la misma comida, las mismas ciudades. Y tienen la suficiente cantidad de diferencias para que la vida no se torne monótona y aburrida.
O sea, cumple con tus requisitos, o con lo que uno cree que alguien tiene que tener para poder tener una relación. Si lo mirás objetivamente, casi no tenés que objetarle.
Pero claro, siempre hay un casi.
Y ese casi es igual a la breve distancia que separa la amistad del amor.
El casi es el condimento secreto de una buena comida. El casi es un rompecabezas sin una pieza. La chispa que encendería el fuego. El pensamiento sin la acción. Es casi un pero.
Entonces él está en una orilla, y una está en la otra. No hay un río. Ni siquiera un arrollo. Apenas una vertiente que se cruza con un paso.
Que ese cauce nos separe, ¿quiere decir que nunca vamos a cruzar? ¿O hay alguna posibilidad de que esta situación cambie? ¿Y qué hace falta: una balsa, una rama, una soga o un breve salto?
Si lo miramos por un rato, el amor casi está ahí. Casi.
Es como si casi lo encontráramos. Casi.
Pero, parece que cuando no se sabe lo que falta no se puede completar. Y si ninguno avanza el agua corre.
Entonces un poco de estoy que no hay, un poco de aquello que sobra, hace el casi que falta.

¿O puede ser simplemente ésta la mejor explicación de que hay una química que hace al amor realmente inexplicable?
Yo diría que casi.

martes, 23 de octubre de 2007

Cuando ellos dejan

Sí, sí, ya hemos hablado de como ellas dejan, y como ellos dejan. Ahora, ¿qué sucede cuando ellos “nos” dejan? ¿Cómo reaccionamos ante la pérdida cuando no es nuestra decisión, cuando alguien se adelantó o simplemente nos sorprendió con un comunicado en el momento más inesperado? Porque a veces sucede, y ellos toman el timón que los lleva a otras aguas antes que nosotros.

Hay distintas reacciones y reaccionarias:

Está la llorona. Llora desconsoladamente, a “lágrima viva” como diría Girondo. La que se deshidrata en cuestión de horas, adelgaza 5 kilos en un mes. Se aferra a la almohada hasta dejarla empapada y cobijando hongos. Proclama a los 4 vientos que su vida no tiene sentido, que no entiende, que cómo pudo pasar. Se ahoga en el dolor. Escucha música lenta para desgarrarse lentamente. Se abraza a su peluche, o a una remera de él. Y sigue llorando. Habla con algunos amigos de sus amigos, tal vez hasta con su ahora ex suegra, tratando de encontrar la explicación que tal vez él no le dio. Hasta quizás le escribe una carta, preguntando, intentando por última vez. Relatándole cada detalle que los hizo felices, apelando a la memoria emotiva para ver si de alguna manera él reacciona, recuerda y vuelve. Y si esto no funciona, toca fondo en algún momento, y luego sale. Con su dignidad intacta, y un corazón cicatrizando a enfrentar la vida y buscar de nuevo.

Está la obsesiva. Que también llora desconsoladamente… pero no a solas. Ella lo llama hasta el hartazgo. No sólo el de él, sino el de todos los que lo rodean. Ruega, pide, suplica. Se rebaja, se degrada. Porque siente que ella no es nada sin él. Porque ella en realidad no lo ama, lo necesita. Y si cuando está sumergida en el fondo del lodo, pisoteada e ignorada, sus lágrimas no lo han convencido recurre a otra estrategia: lo amenaza. Le miente, lo asusta. Le echa la culpa de su desgracia y le refriega sus miserias. Lo putea, lo agrede. Lo acecha, lo persigue, lo acosa. Recurre a todo: teléfono, mail, visitas. Revisa su correo, pasa por la puerta de su casa, vigila sus horarios, averigua con sus amigos. Toma una combinación explosiva de antidepresivos y pastillas para dormir. Y cuanto más lejos él está, ella más siente que es el amor de su vida. Entonces el tiempo pasa, y ella sigue obsesionándose, mientras él rehace su vida, y ella sumida en la locura, lo sigue esperando, hasta convertirse en Penélope.

Está la superada. La que no se le cae una lágrima. Pone cara de nada, agarra sus cosas, da media vuelta y se va. Y él se queda más sorprendido que ella… pero aliviado (ojo: quizás éste sólo por orgullo o curiosidad vuelve). Llama a sus amigas, les dice que se separó pero no hay mal que por bien no venga, que no tiene tiempo que perder, y esa misma noche sale a bailar. Al día siguiente va a la peluquería, se corta el pelo o se cambia el color, se hace las manos, se da unos masajes. Se va de shopping: se compra zapatos, ropa, una cartera. Se mima. Se quiere sentir renovada, para volver a empezar. Pero distinta. Guarda las fotos y los recuerdos en una caja. Se pone a trabajar, se anota en baile, gimnasia. Conoce gente nueva. Ocupa su tiempo. Se compró una nueva vida. Y la herida cicatrizó, pero en algún momento sigilosamente, comienza una hemorragia interna. Pero como cualquier hemorragia sangra un tiempo, lo suficientemente breve para que no la desangre, se contiene, se cauteriza, y cierra.

Está la vengativa. A esta no le importa nada más que ganar la guerra, y todas sus breves batallas. Llora, grita, se calla, y empieza a planificar. Meticulosamente planea cada estocada. Intercala lo razón y los impulsos, si imprevistamente resultan en un golpe mortal. Te raya el auto, te quema los muebles, te demanda, te cambia la clave del banco y te saca la plata. Te hace fama de que sos gay o impotente. Te cambia la cerradura, y para cuando pudiste entrar te encontraste con un loft vacío: no dejó ni las paredes. Su capacidad de daño no tiene límite, y sólo termina cuando se consigue otro novio en quien depositar sus impulsos y razones.

Y está la feliz. Claro. La que no se animaba a dejarlo, ni decirle cómo. La que estaba actuando como un hombre. Y entonces respira. Se relaja. Sonríe. Se libera. Da la vuelta… y se va con el otro.

martes, 18 de septiembre de 2007

El psicópata

Este es el segundo prototipo. A este hay que de verdad tenerle miedo: deja cicatrices imborrables. Las va marcando, a fuego lento, y una va disfrutando en ese doloroso placer, hasta que un día se da cuenta que está completamente quemada.

El psicópata

Definición: hombre que padece de un servero trastorno de personalidad y relacionamiento encubierto, que disfruta de un juego de seducción, manipulación y poder, al que la mujer se sentirá involuntariamente atraída hasta quedar envuelta en una relación casi enferma (a veces deja de ser casi) y dependiente de la que le costará mucho tiempo, quizás años, salir y sobreponerse.

Descripción: Es un conquistador nato. Maneja perfectamente la estrategia, y qué tácticas utilizar para alcanzarla. No busque en rasgos físicos, se esconde detrás de cualquier fisonomía. Aunque seguramente tendrá una mirada cautivante y misteriosa. Sus víctimas son siempre mujeres con la autoestima baja. Y si no la tenían, llegan a desgastarla tanto, que su valoración cae hasta el punto en que no son capaces de dejarlos porque sienten que ya nadie va a amarlas como él. Ejerce una fascinación indescriptible, e incontrolable. Sí, creo que también injustificable. Porque cuando quiere demostrar amor, lo hace al extremo, de manera pasional, sorpresiva e inesperada. Sin cálculos ni medidas. Luego comienza la etapa oscura, repleta de gritos, reproches, recriminaciones, celos. A continuación las desapariciones, las ausencias, los silencios. Y ella extraña, añora, desespera. Busca al primero, a aquel que recuerda en sueños, al que la hace suspirar. Pero es el que paulatinamente, sin percibirlo, cada vez se muestra menos. Ella se queda prendada de una ilusión, de una actuación fugaz, de una puesta en escena. Luego el telón se cierra, los disfraces se guardan, las caretas se caen, y queda el ser despojado de belleza. La sombra de lo que nunca fue. Simplemente queda lo real. Sólo que de vez en cuando, cada vez que esté a punto de perderla, cada vez que la sienta lejana, volverá por sus disfraces y montará un nuevo acto. Y así, una y otra vez. Una y otra vez. Y las tendrá ahí, a su merced, embelesadas, idiotizadas, glorificándolos, necesitándolos. Presas y entregadas. Se apodera de ellas como una soga que las ata, como una droga que las hace adictas.

Características: seductor, mitómano, manipulador, egoísta, desconsiderado, temperamental. Adictivo. Es como una montaña rusa que mezcla el placer y el dolor, aunque no siempre en la medida justa.

Conducta repetitiva: Ponerlas a prueba hasta encontrar el límite, para ver hasta donde se extiende su dominio, para comprobar la incondicionalidad. Va y vuelve. Está con una pero se enamora de otra. Oscila entre el amor y el desprecio.

La clave: Self preservation. El psicópata es como el golpeador. Lo hará, lo disfrutará, y volverá a pedir perdón de alguna manera. No deje que ese breve instante de arrepentimiento la enceguezca. No es más que parte del proceso. Volverá a lastimarla, a maltratarla, a rebajarla. Porque su mayor satisfacción reside en el poder dominarlas. Es difícil identificarlos en el comienzo, generalmente se lo ve cuando ya está enamorada, y es difícil desprenderse. Entonces, por si acaso, nunca deje que le pongan el pie encima, o la arrollen directamente.

Recomendación: Mantenga siempre alta su autoestima, es el mejor escudo contra ellos. Cuando una se valora el psicópata no tiene lugar por donde atacar, no tiene flancos. Y si aún así ha caído en sus garras, cuando se encuentra a si misma justificando todas sus acciones, cuando se encuentra aferrándose a la esperanza de que él algún día él va a enamorarse aunque le esté diciendo en la cara que usted no le importa, cuando todas sus amigas le estén diciendo sinceramente que él está loco: CRÉALES. Haga un esfuerzo, deje de la do los sentimientos y escuche a la razón (en este caso aplica y es absolutamente válido). Si no, en 10 años, se encontrará maltrecha y desesperanzada esperando a alguien irreal.

jueves, 23 de agosto de 2007

Los hombres las prefieren Geishas

Si estudiaste para tener una carrera profesional, tenés un trabajo que te permite mantenerte sola, tenés tu casa, tu auto, tu ropa, tus viajes. Si terminás de trabajar y vas al gimnasio, hacés kick boxing, squash, pilates, corrés 5 km por día. Vas a canto, a un curso de aromaterapia, a teatro. Si cuando te queda un día libre te repartís entre tus amigos y tu familia. Y aparte, sabés cocinar, podés elegir un buen vino, hablar de fútbol y economía…. Pero estás sola… querida… ¡ahí está la respuesta!

Los hombres fingen buscar una mujer independiente, cuando en realidad lo que buscan es alguien que necesite de ellos para subsistir, tomar decisiones, que les resalte el ego y no los opaque, ni los haga sentir ni por un segundo inferior. Que los deje ser la cabeza de la relación, para poder recostarse plácidamente en la quietud del reino de Neanderthal.
Lo que básicamente buscan es: una geisha.
Alguien que defienda una cultura arcaica embanderando la feminidad bajo un transparente manto de machismo.

La autosuficiencia femenina es un tema tabú, que en el fondo genera más desprecio que admiración. “Es una machona”, “quien se cree que es”, “malco”, “feminista”, y cantidad de frases por el estilo que van desde la tímida defensa de las murallas masculinas hasta la más feroz estrategia de ataque.

Claro, que una tiene que aprender las reglas para comportarse si tiene una cita: él debe pagar no importa cuan exorbitante sea la cuenta (ojo, en las eternas contradicciones que tienen igual quieren que saques la billetera y aunque sea amagues); no debés tomar la iniciativa; no debés conocer ningún telo; debés dejar que te pase a buscar él con su auto, o inclusive en el taxi aunque tengas que guardar el tuyo en la cochera (a menos que tengas un super auto, él sea un interesado con ganas de alardear y entonces va a estar encantado, pero no te va a durar más que dos salidas); dejar que te maneje en la cama aunque no tenga la menor idea de cómo ponerte; tomar daikiri, vino, Baileys, no whisky o vodka puro; leer la Cosmopólitan y siempre dejarlo ser la estrella.

Y si empezás a entablar una relación más duradera, también tené en cuenta: no tenés pasado, ganás menos que ellos, tenés siempre tiempo para él, aprendés a cocinar (preferentemente como su madre) y soñás con ser ama de casa pero en un futuro muy lejano, porque si no, también se asustan.

Hay que delimitar el impreciso contorno entre el machismo y la caballerosidad, tras la cual se defienden en cualquier batalla, porque una nos ahoga y la otra nos realza. Pero claro, eso nos lleva a otra nota.

Lo que las geishas no se dan cuenta, es que terminan convirtiéndose en la sombra de alguien, y cuando se va, dejan de existir. Se quedan sin nada: trabajo, dinero, amigos, intereses, ¡vida!

Son muy pocos aquellos que se atreven a atravesar el laberinto de los prejuicios de la mano de una mujer autosuficiente al lado y encontrar la salida. Un amigo siempre me dice. “dejá de leer Ana Karenina en la playa, llevate la Para ti, y escondé el libro atrás de la revista, hacete la boluda, decí que sos recepcionista, poné cara de nada, y así vas a conseguir un novio”.

Los hombres quieren que los necesites, porque les cuesta entender que la mejor pareja es la que se elige. La que comparte y no compite. Porque en palabras de ese mismo amigo que está casado con una mujer brillante: “lo que no se dan cuenta los hombres, es que con una mujer inteligente, todo es más fácil”.
Porque hay más entendimiento, menos celos, menos posesión, más libertad. Porque cada uno tiene su vida independiente y se juntan para compartir lo que quieren y no lo que deben.

Así que amigas, en ustedes está la decisión.
Para conseguir uno de estos hombres que tanto abundan, parece que la solución es hacerse la boluda. Engañarlos hasta que caigan. Y cuando estén muertos de amor, poner ovarios y sacar la mujer que hay en vos.

Y si no… tener todo el tiempo esos mismos ovarios para ser la mujer profesional, exitosa, independiente que llegaste a ser, hasta que llegue aquel hombre de los que no abundan y por eso son tan difíciles de encontrar, que te descubra, te admire, y te quiera sin engaños por lo que de verdad sos.

Claro que, si por naturaleza sos una geisha, todo es más fácil.

martes, 31 de julio de 2007

Cuando ellas dejan...

Cuando ellas dejan, dejan. De manera contundente, imprevista e irreversible.
Cuando ellos dejan …¿ellos dejan?. Ellos hacen que ellas dejen.
Cuando ellas dejan lo hacen sin mirar atrás. El proceso de análisis y duelo ya se ha llevado a cabo. No importa cuanto ellos digan, pidan, ruegen o lloren. Se terminó.
Cuando ellos dejan, vuelven a pensarlo y caen en la tentación de reincidir con cada súplica o lágrima de ella.
Porque es claro, las mujeres no soportan que los hombres lloren, y los hombres no soportan que ellas lo hagan. Pero por distintos motivos: ellas porque les parece lamentable y débil, ellos porque les da pena y no pueden con la culpa.
Ellas cortan de manera fría y práctica. Ellos sufren, mienten, dudan, temen.
Ellas de un día para otro no te llaman ni te ven más. Ellos empiezan a dejar de llamarte y verte 4 meses antes, mientras esperan que vos tomes la decisión porque lo sentís lejano y distante.
Ellas son implacables. Ellos aplacables.
Ella puede dejarlo y estar sola. El si la dejó, es porque ya no estaba solo.
Ellas se llevan todo, lo de ellas y algo de ellos. Ellos te dejan todo con tal de no enfrentarte.
Ellas se cortan el pelo, se compran ropa, y empiezan de nuevo.
Ellos…todavía están pensando como hacer para que los dejes.

martes, 26 de junio de 2007

Top five de frases increibles

Hay frases comunes a todos los hombres: “no sos vos, soy yo”, “para qué poner rótulos”, “nadie cocina como mi mamá”, y una lista interminable. Pero no es aquí donde vamos a ocuparnos de esas, las que marcan un patrón genético común a todos. Las que ya no nos sorprenden porque en esta fase evolutiva nuestro ADN después de siglos de repetición constante viene preparado para escucharlas y hasta convivir con ellas.
Aquí vamos a mencionar las 5 frases más increíbles, descaradas, egocéntricas, desconsideradas y hasta ridículas que un hombre le haya dicho a una mujer. Sólo para el estupor, la risa, el llanto, el asombro, y para ver, que todo es posible.

Este es… el TOP FIVE:

1) “No puedo comprometerme emocionalmente con vos, porque tengo miedo a salir lastimado”: respuesta de un marido a su mujer, con 7 años de matrimonio, tres hijos, después de que en una conversación cualquier ella le dijera "te amo".

2) “¿Qué te pusiste? Eso le queda bien sólo a las de las revistas”: después de que ella hubiese adelgazado 28 kilos, pesara 60 nuevamente, estuviese en pleno momento de fortalecer su autoestima, y se apareciera con ropa interior sexy comprada especialmente para la ocasión.

3) “Vos sos una egoísta, no querés verme feliz”: ellos habían salido entre idas y vueltas casi 8 años. Era su gran amor, ese intocable. Ya habían terminado pero siempre había resabios del pasado que volvían a encenderse. Entonces él decidió encararse a una de sus mejores amigas. Esa fue su respuesta ante el enojo de ella.

4) “Vos viste lo que querías ver. Tu cabeza se lo imaginó”: después de que ella lo encontrara a él en la cama con otra. Y lo defiende hasta el final. Sin palabras.

5) “Sí, con mi ex tengo un problemita ahí, voy a ser papá en un mes”: en la tercera salida, con miles de charlas acumuladas, cuando ella le estaba preguntando cuanto hacía que estaba divorciado y después de que el hubiese dicho que no tenía hijos y que estaba separado (que eso si lo estaba… al menos, no?)

El orden de este ranking es totalmente aleatorio, ya que por momentos me parecen peores unas que otras. No es simplemente la frase, sino el contexto claramente.
¿Lo más increíble de todo? Son ciertas.

¿Hay algo más que decir?

viernes, 8 de junio de 2007

Los histéricos

Es hora de que empecemos a categorizar a los hombres. Porque es mentira que son todos iguales. Ya se, hay miles. Por eso es necesario agruparlos en algún lugar, como un Wikipedia en el que todas podamos colaborar y consultar cada vez que nos haga falta. Que por cierto, suele ser cada vez que un hombre hace cualquier cosa, porque es casi seguro que no vamos a entenderlo.

Empecemos por el más común de los últimos tiempos:

El Histérico

Definición: hombre con particular característica femenina altamente desarrollada que presenta una conducta de acercamiento y alejamiento alternado y continuo demostrando interés pero ningún tipo de concreción.

Descripción: Es el que seguramente va a atraparnos primero con ese halo de misterio, esa distancia atractivamente indescifrable. El histérico viene y se va. Pero en algún momento está, y ese breve instante es el que nos hace ilusionarnos. Porque deja sus miradas, sus frases halagadoras, sus modos naturalmente seductores, su incierto interés. Un devaneo continuo. Pero la realidad es que el histérico solo está probándose a sí mismo. Está reconquistando su ego. Ellos no necesitan que ella realmente esté, ellos necesitan simplemente “saber” que ella está.
Preferentemente envía mensajes de texto en lugar de llamar, porque le permite prolongar la conquista, extender el juego sin tener que enfrentarlo realmente. Un llamado siempre es más concreto, más directo, debe dirigirse indefectiblemente a una conclusión. Los mensajes son la prolongada letenía de la espera que puede interrumpirse y así alargarse de acuerdo a sus ganas de mantener la tensión. Para ello puede dejar de escribir en cualquier momento de la conversación y reanudarla 2 días más tarde alegando una excusa tan desgastada como tener trabajo. Cuando por fin arreglan para salir se tomará dos horas para mirarla, hablarle, acercarse, hasta que en el momento en que ella está por darse por vencida él se acerca y la besa, dejándola en vilo hasta la próxima salida. Si es que hay próxima… porque con el histérico nunca se sabe. No tiene que ver con la calidad de los besos, ni la intensidad de esa noche, tiene que ver con que logró su acotado y simple objetivo de saber que ella estaba interesada. Seguramente desaparecerá por más de unos días, y quien dice días puede decir semanas. Aunque siempre manteniendo un contacto vía mail, mensaje o teléfono en donde dejará deslizar un indicio de que en realidad no ha desaparecido del todo aunque tenga tantas cosas en su vida: trabajo, deporte, amigos, familia, y descanso que no tiene tiempo para volver a verla. Hasta que un día, porque tal vez se siente solo, o tiene la autoestima un poco baja, quiere divertirse, o sencillamente siente que ella ha perdido un poco el interés reaparece como si nunca se hubiese ido. El siempre está…pero no está.

Características: estétas, seductores, caballeros, volátiles, inestables, ególatras, inmaduros. Si presta mucha atención, puede ser un gay encubierto.

Conducta repetitiva: si pero no…. no pero sí… si te acercás me alejo… si te alejás me acerco

La clave: si hay algo que tienen en mayor dosis que la histeria estos hombres es el orgullo. Así que ante la posibilidad de que su ego salga herido, el juego pasa a ser una cuestión de orgullo. Y ahí el hombre se hace débil y manipulable. Como en un tablero de ajedrez, llegar a ese plano es poner las fichas en jaque. De ahí en más sólo hay que saber moverlas con paciencia, audacia y astucia para con el tiempo poder dar el mate.

Recomendación:
si puede, sea firme y aprenda a decir que no, por más encantadores que sean sus intentos. Y no sólo porque el “no” es lo que a ellos los acerca. Que sea un sincero no. El histérico no la hará llegar a nada. Déjelo que vaya… pero que no vuelva.

viernes, 30 de marzo de 2007

Los miedos masculinos

¿De qué se asustan los hombres? De todo. De nada. Muchas veces terminamos pensando que hicimos mal para que salieran corriendo. Y la respuesta la mayoría de las veces debe ser: NADA!! Ellos simplemente tienen problemas manejando ciertas situaciones, y prefieren huir que afrontarlas.
A qué le temen entonces:

1) a que les digan “te quiero” antes que ellos
2) a que otro hombre sea mejor en la cama
3) al compromiso
4) a los programas con familiares o amigos
5) a ver dos cepillos de dientes en lugar de uno
6) a que dejes la crema de enjuague
7) a las vacaciones con vos y sin amigos
8) al casamiento (bue… yo tambíén)
9) a querer demasiado
10) a las toallitas femeninas
11) a que no tomes la pastilla
12) a tener que llamar, estar, compartir, dejar de hacer, cambiar planes, conciliar.
13) a que no se les pare
14) a que los engañen
15) a pasar las 24 horas juntos
16) a que seas muy independiente y no los necesites
17) a que seas muy dependiente y los necesites
18) a que seas exitosa
19) al intercambio de llaves
20) a que después de una relación ocasional las mujeres crean que ya están de novias (sepanló: las mujeres también queremos sexo ocasional y volver a dormir a nuestra casa)
21) a que no puedan cumplir con tus exigencias
22) a que les dejes una bombacha, o el camisón, o un perfume
23) a que digas “nuestro auto” cuando es suyo
24) a que no acaben
25) a que te relaciones con su mamá
26) a que veas su billetera, teléfono o computadora (por algo será)
27) a los rótulos
28) a que les guste la “estimulación prostática”
29) a que el tiempo te convierta en su suegra
30) a dejarte
31) a decir lo que realmente sienten

O sea, resumiendo: a la relación en sí.
Pero básicamente, a que te des cuenta que si no dejan estos miedos de lado, en el siglo XXI, lamentablemente para el amor en general, podemos conseguir un amante temporal, un banco de esperma, un sueldo más que digno, casa y auto propio, plomero, gasista, electricista y dejar de esperarlos.

viernes, 9 de marzo de 2007

El mito del amante latino

¿A dónde están? Esos hombres que con desesperación e incontinencia se abalanzan sobre nosotros para arrancarnos la ropa en el pasillo, aún sin haber cerrado la puerta, sin que el ascensor haya llegado al piso correcto.Que nos besan incansablemente hasta dormirnos los labios, mientras nuestro cuerpo empieza a sentir el calor, la asfixia, las ganas, la humedad. Los que saben que el cuerpo femenino es un terreno inexplorado buscando alguien que lo descubra cada vez. Que encuentre los lugares escondidos donde nadie llegó nunca para arrancarnos un gemido. Aquellos que comienzan en la boca, para seguir explorando el cuello, y detenerse en nuestro pecho… solo por un rato,… el necesario para seguir su camino, y desciende haciendo estremecer nuestro abdomen, con una contracción placentera… ligera… precediendo las otras… y disfruta en nuestro sexo, dándonos placer hasta la locura… y aún así, nos sigue acariciando, recorriendo, descifrando. Y comienza una, y otra vez buscando nuevos gemidos, nuevos sonidos, eternos e inagotables. Y después de dar tanto, no pide sino que ofrece su cuerpo para nuestros placeres. Sabiendo que después de tanta generosidad llegará la recompensa. En donde nosotros podremos redescubrir su boca, bajando por su cuello, deteniéndonos en su pecho, para disfrutar su abdomen, y alcanzar su sexo. Y así encontrarnos ambos unidos en un solo cuerpo que despierta, se estremece, estalla, descansa. Dándose un lapso de paz para volver a empezar, con otro recorrido, con otra experiencia.

Este hombre latino mitificado se enarbola tras tus palabras y sus grandes promesas, para encontrarnos luego con el resabio de pobres proezas. Están aquellos que no abren la boca para besar, que no rozan sus cuerpos contra el nuestro a la hora del amor, que saltean todas las etapas de un maravilloso recorrido buscando un hueco oscuro donde esconderse para agitarse espasmódicamente en la misma posición durante varios minutos y disfrutar después del reposo, perdiéndose el placer que pueden obtener en el conocimiento propio y ajeno. Que en su egocentrismo machista creen que con su breve placer alcanza, sin descubrir nunca cuanto más se disfruta con la satisfacción del otro.

Así que busquemos, incansablemente, aquel hombre que tenga ansias de aprender, de entregarse, de enseñar, de descubrir y descubrirse. Aquel que haga de cada encuentro una experiencia. Que logre consumirnos en la pasión para renacer renovadas con insaciables nuevas ganas. Que sepa que a todos nos quedan cosas por hacer, explorar, inventar, crear, copiar, aprender y aprehender. Y así puedan lograr que el mito se convierta en realidad.