jueves, 5 de febrero de 2009

Always the friend... never the bride

No se si hay un componente genético, una historia, una educación, simples costumbres, o una secreción corporal que anula las feromonas y elimina otra hormonal igual de poderosa pero desconocida, que hace que una mujer pierda su condición de fémina para convierta en el tan querido y conocido amigo de toda la vida Cacho.


Sumada a mi inhabilidad por conquistar al hombre que a mi me gusta, tengo una extraña capacidad para relacionarme de manera extremadamente amistosa con los hombres (el extremado no pasa a otros planos, simplemente denota mucha cercanía). Creo que durante mucho tiempo enarbolé esta característica como una virtud, como algo que me distinguía de las mujeres de manera positiva porque me hacía estar un poco más del lado de los hombres, conocerlos más, comprenderlos más, entrar en su mundo íntimo (que definitivamente es mucho menos fascinante que el femenino). La mejor amiga de los hombres. La versión masculina de una mujer, o el lado oculto femenino de los hombres. Sí, llegué a ser esa. La compinche, la que va a las cenas del grupo de amigos y es la única dama, la que escucha las peores ordinarieces sin inmutarse, la que escucha los desconsuelos y llantos por otras, la que comprende la queja masculina por miles de detalles femeninos con los que jamás se caracteriza, la que guarda los secretos, la que puede dar consejos porque en realidad está del otro lado. La que entiende de futbol, autos, motos. La que se aburre en las charlas de peluquería.
¿Pero que pasa cuando esto perdura en el tiempo? ¿Cuándo en realidad te descubrís en tus treintipico rodeada de amigos varones casados y con hijos, amigas mujeres casadas y con hijos, y acá… siendo aún la mejor amiga de todos?

La incapacidad por reconocerse como una mujer plena, aceptando los defectos y virtudes que trae aparejada la condición, lleva con el tiempo a convertirnos siempre en la amiga, pero nunca la novia.

En realidad ningún hombre que se precie quiere estar con una mujer que justamente no lo parezca, o mejor dicho, no refleje, aparente el estereotipo de mujer consensuado por la cultura y la sociedad desde hace años.
Porque entonces el sexo que nos determina desaparece, se desvanece tras el personaje creado, se desdibuja en las actitudes cotidianas que cuanto más nos acercan paradójicamente más nos alejan.

Es un dilema más difícil de resolver de lo que parece (o no). La realidad es que me siento más cómoda con el sexo opuesto. En todo sentido claramente. Un gusto aprehendido quizás. Muchos primos, hermanos, compañeros de jardín. No se si son justificaciones o excusas. Y lejos estoy de ser un marimacho sobre mis taco aguja y mi maquillaje diario. Pero no me reconozco en la mujer dócil, tibia, indefensa y desprotegida que necesita la protección del macho al lado.

Seguramente sólo hay que encontrar el límite difuso e impreciso. Esa tierra de nadie en la que cada uno toma la decisión de qué lado estar, y tener claro cuál es la frontera hasta la que podemos acercarnos pero que no se debe cruzar. Cuál es el límite de lo que se dice y se comparte. Cuándo estar y cuando irse. Guardar más silencios. Hacer aflorar el misterio. Mantener un poco la distancia. Y estar… pero no… y otra vez…. Pero no. Convertirse en esas mujeres lejanas e inalcanzables, incomprensibles que invitan a conocer, investigar, descifrar. Y una vez que alguien caiga en las tibias fauces de lo desconocido…. Volver a sacar las garras, y seguir siendo amiga de todos los demás.

5 comentarios:

Agua dijo...

Como me he identificado con tu texto! yo también suelo sentirme mejor acompañada de hombres...no se hay una conexión especial...pero es cierto que aunque en aparencia soy toda una mujer, creo que muchos dejan de verme como tal...quizas somos demasiado transparentes, quizas deberiamos volvernos inalcanzables...

Besos!!

Anónimo dijo...

como mostraste la hilacha. Tanto mujer superada y al final te salio la susanita. Me alegra porque es tu mejor perfil.
sus una mujer hermosa y dulce. ya alguien te va a descubrir.
Besos

Anónimo dijo...

Ahhhh que decir!! pones mi vida en tus palabras. Aunque a pesar de todo creo que no me arrepiento tengo 22 años y se que aun me falta mucho por aprender!! pero mantengo a grandes amigos que estaran conmigo en grandes momentos..

Mejor aun se que tengo a alguien por conocer y que podre convertirme en esa persona que el esperaba!!. sigo en busca de esa persona pero estoy segura que llegara.

Soledad dijo...

Agua: croe que tenemos testosterona por demás, o pensamiento lineal, jaja.

Anónimo: siempre fui Mafalda, no Susanita. :)

Anónimo 2: ayyyy todavía te falta muuuuucho. Así que ni te preocupes!!! vas a encontrar más de una persona de las que esperas y te esperan. besos

An dijo...

Ohhh!!!

E-X-A-C-T-O!

Con todas sus letras!

soy del club